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¿Qué hará la izquierda cuando decida el Tribunal Electoral?

Rosario Robles

Solo hay dos caminos. Una vez que el Tribunal Electoral valide la elección presidencial la izquierda enfrentará una disyuntiva. Ahora puede darse el lujo de acompañar a López Obrador en el proceso de impugnación porque los pasos que hasta ahora se han dado son los que establece la legalidad aprobada por todos los partidos, incluidos los del Movimiento Progresista. La estrategia del tabasqueño se ha centrado en una guerra mediática que, por el tono, ha generado un ambiente que algunos de sus seguidores interpretan a su manera. Ahí están los ataques a la cadena Soriana que, por más que se niegue, en algunos casos han sido comandados por partidarios del PRD como es el caso del excandidato en el municipio mexiquense de Chicoloapan. El último episodio se refiere a la presentación de unas supuestas cuentas que prueban la intermediación de recursos públicos a la campaña de EPN. No terminaban de presentar dichos documentos cuando ya se evidenciaba que habían sido configurados para la ocasión con información falsa, además de que la propia institución bancaria se encargó de desmentirlos. Tienen escuela en la materia. Siguieron los mismos fallidos pasos de René Bejarano que alguna vez nos acusó de tener una cuenta millonaria. No habían pasado ni dos horas cuando se descubrió que los documentos eran adulterados y de un banco en el que jamás había realizado un solo movimiento. Seguramente en el transcurso de los días próximas días ésa seguirá siendo la tónica. Pero todo eso tiene un límite. A más tardar el 6 de septiembre el Tribunal Electoral decidirá sobre los recursos interpuestos y tendrá que calificar la elección. Ése será el momento en el que la izquierda tendrá que decidir. Lo deseable es que AMLO acate el veredicto y, de no ser favorable a su impugnación, ratifique el liderazgo que le dan más de quince millones de votos con la presentación de una agenda nacional centrada en los cambios que él mismo ha postulado. Pero no lo va a hacer. No va a reconocer el triunfo de EPN y seguirá de alguna manera en el camino que ha emprendido. Desde luego que no es el 2006 y que las condiciones no le permitirán realizar plantones y autonombrarse como el único legítimo. Puede optar, sin embargo, por convertir a MORENA en una fuerza política partidaria como salida. Sería lo mejor. Sin embargo, en su decisión se corre el riesgo de que se arrastre a toda la izquierda a una aventura que implique se renuncie a la posibilidad de incidir en el rumbo del país.

Hace seis años, esa estrategia dejó un vacío que permitió que la entonces tercera fuerza que era el PRI se convirtiera en el único interlocutor del nuevo gobierno. Que para gobernar Felipe Calderón tuviera que pactar con ese partido cambios y derroteros. De ausentarse una vez más la izquierda, el PAN inevitablemente pasará a ocupar este lugar a pesar de ser la tercera fuerza en la elección presidencial. La izquierda estaría renunciando a ser un factor y a generar los contrapesos que permitan que el camino sea de centroizquierda. No parece sin embargo ser la opción para algunos de los dirigentes que hoy de dientes para afuera están con López Obrador pero que solo esperan el plazo legal para sentarse a negociar. Tampoco parece ser la alternativa contemplada por personalidades como Camacho/Ebrard que saben que renunciar a jugar un papel determinante implica dilapidar el capital político que se acumuló durante la campaña. El problema es que la negativa de AMLO puede generar fuerzas centrífugas, ninguna con la potencia suficiente para generar transformaciones ligadas a las causas que enarbola la izquierda mexicana. Puede suceder además que la dirigencia perredista abarate los votos obtenidos y se limite a simples concesiones. Solo una decisión de todos los líderes importantes del PRD en el sentido de hacer valer la votación obtenida y de exigir algo más que simples cambios de piel puede abonar para que el país camine por un nuevo rumbo. ¿Hacia dónde se inclinará la balanza? Es cuestión de esperar unos cuantos días.

SER… O NECESER

Del análisis que algunos especialistas hacen de la impugnación pareciera ser que se utilizó el machote de 2006. Seguro lo usarán en 2018.