Día 9
Londres undergroundCarlos Contreras Legaspi
Lágrimas. Nací con ojos deficientes, mis córneas sufren deformación marginal y lagrimean a la menor provocación. Sin embargo, esta profesión me ha dado la oportunidad de ver otro tipo de lágrimas. Las de Peyton Manning cuando perdió el Super Bowl ante Nueva Orleáns, las de Michael Schumacher anunciando su retiro de la F1 por primera vez o las de Roger Federer ganando el oro en dobles abrazando a Wawrinka como si fuera el último día de sus vidas. La jornada de ayer en Londres nos regaló otra estampa para no olvidar, Juan Martín del Potro dejó todo en la cancha, luchó durante cuatro horas y 26 minutos para darle una medalla a Argentina, un país donde son casi tan valiosas y escasas como en México. No pudo, su mejor partido en Wimbledon, su mejor esfuerzo no fue suficiente. El número uno del mundo va por el oro y Del Potro lloró lágrimas honestas, llenas de frustración; dignas de admirarse. Hace falta valor para llorar como los grandes.
Puntualidad inglesa
Los británicos siguen amando los libros. Aunque las ventas de los lectores electrónicos se duplican cada año no hay un vagón del metro, camión o tren donde no haya alguien portando un libro. Los favoritos de este verano, la trilogía de “50 shades of gray”, algo así como el efecto Harry Potter, pero en clasificación “C”.
Postal británica
¿Qué duele más? Delpo se duele de la espalda tras lanzarse a la red y ganar uno de los puntos más espectaculares del partido ante Roger Federer. Le tomó unos minutos levantarse y dejar atrás el dolor. Más adelante la derrota fue mucho más grave que el golpe.








