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La bacteria digital

La ciencia por gustoMartín Bonfil Olivera

Un grupo de científicos de la Universidad de Stanford, encabezado por Markus Covert, acaba de lograr un avance radical: crearon un modelo computacional de una célula completa.

Antes de que se pregunte para qué sirve eso, imagine cómo sería, por ejemplo, tener una simulación detallada de una ciudad completa que incluyera el número real de personas, edificios, vialidades, automóviles, y su movimiento a lo largo de los días. Permitiría entender con precisión cómo funciona la ciudad, detectar áreas problemáticas y, si fuera suficientemente fino, incluso predecir apagones, inundaciones, embotellamientos de tráfico, accidentes.

Pues bien: Covert y su equipo reportan en la revista Cell (20 de julio) la construcción de un modelo de célula en el que introdujeron la información completa del genoma de la bacteria Mycoplasma genitalium. Pero también, basándose en la información tomada de más de 900 artículos de investigación, modelaron qué información genética está activa, leyéndose en un momento dado (su transcriptoma), qué proteínas se están fabricando (su proteoma) y las reacciones químicas que se están llevando a cabo (el metaboloma).

Se eligió a M. genitalium porque es una de las bacterias con un genoma más pequeño que se conocen. Pero también porque es la especie en que se ha trabajado más en la llamada biología sintética: en 2010 se realizó un “transplante de genes” en que se reprogramó a la bacteria con un genoma artificial.

La simulación de Covert fue sometida a prueba para ver si lograba reproducir datos que ya se conocen sobre la concentración de ciertas sustancias dentro de la célula. Lo hizo bastante bien.

El modelo es preliminar. Pero abre toda una nueva rama de estudios sobre la biología celular. Servirá para descubrir nuevos fenómenos no detectados, que aparecen en la simulación y luego pueden buscarse en las bacterias reales. Ya se lograron algunos hallazgos de este tipo. Pero también servirá para, un día, diseñar de manera racional bacterias artificiales que realicen funciones útiles como producir biocombustibles o antibióticos, o degradar compuestos contaminantes.

Sin duda, esta célula digital es mucho más que un juego.

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