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Prosperidad, equidad y democracia

Día con díaHéctor Aguilar Camín

Modernidad no es una palabra clara, de hecho es un horizonte que cambia, alejándose casi siempre de los afanes de quien quiere alcanzarlo. La modernidad de ayer es la tradición de hoy: la inercia que hay que vencer para alcanzar la modernidad de mañana.

En el libro a que me referí ayer en este espacio,La modernidad fugitiva, uso la palabra en su sentido simple: como civilización, desarrollo, mejoría de las naciones. Pienso en una mezcla virtuosa de democracia política, liberalismo económico y equidad social.

No hemos tenido en México ningún momento de convergencia de prosperidad económica, equidad social y democracia política. No lo tuvimos durante las décadas de hegemonía priista ni bajo los gobiernos panistas de la era democrática.

Peor aún: ninguna formación política se ha planteado y asumido en estos años las transformaciones institucionales necesarias para alcanzar esa triada: prosperidad, que implica libre competencia en el marco de una economía de mercado; equidad, que supone la universalización efectiva de derechos sociales, y democracia, que significa gobiernos electos democráticamente pero capaces de tomar decisiones trascendentes, de hacer los cambios necesarios que la propia modernidad y sus cambios de horizonte van planteando.

Esa es la simple aunque no sé si modesta utopía, no siempre explícita, que recorre La modernidad fugitiva y los textos que incluye: Después del milagro (1988), La ceniza y la semilla (2000) y Los límites de la democracia mexicana (2012).

Ha sido esa mi vara de medir y de pensar lo sucedido en México durante los últimos 25 años, el paradigma que bien o mal ha guiado mi crítica, mi acuerdo y desacuerdo con los distintos gobiernos, y sus oposiciones, desde que en 1988 quedó fracturada la hegemonía del PRI y se abrió el gran arco de la transición democrática del país, feliz e indoloramente alcanzada en el año 2000.

No me alinean razones ideológicas o partidarias. Defiendo lo que me parece que puede ayudar a la modernización de México y estoy contra lo que, a mi juicio, la obstruye, la niega o la pospone.

Ahora que el país se abre a una nueva oportunidad de cambio, quisiera volver sobre algunas de las reflexiones de estos años. Iré compartiendo en esta columna pasajes de La modernidad fugitiva que son, o me parecen, oportunas para el momento que se abre ante nosotros.