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La contraofensiva peñista

La historia en breveCiro Gómez Leyva

El lunes pregunté aquí por qué Enrique Peña Nieto le estaba dejando el estrado libre a Andrés Manuel López Obrador. Pues bien, las cosas cambiaron esta semana, los peñistas pasaron a la ofensiva y, por lo visto, sacudieron el esquema táctico del feroz adversario.

Atacaron por varios flancos con el claro objetivo de romper la atmósfera que se esparcía para fijar la percepción de que, otra vez, se cometió un fraude grosero.

Acusaron a López Obrador de armar un sucio esquema de financiamiento que, según esto, lo acercaría al lavado de dinero. Pidieron desclasificar nombres a las autoridades financieras. Radicalizaron el discurso, e incluso fueron a las cortes de California a parar en seco a José Aquino, el hombre de los cinco alias que los acusó de defraudación por 56 millones de dólares y que, a estas alturas, ya no parece querer queso, sino salir de la ratonera en que se metió con una “ayudadita” de cierta prensa mexicana.

López Obrador salió ayer a dar una conferencia de prensa fuera de agenda, sin más elementos que una serie de hipótesis sobre la distribución de monederos en Tabasco que, multiplicados ad infinítum, darían una cantidad astronómica de dinero usado, presuntamente, para comprar votos a favor de Peña Nieto.

También fuera de su guión pareció la invitación que hizo a Peña Nieto para sostener “un intercambio de puntos de vista, porque yo tengo muchas cosas que preguntarle”.

Supongo que en las oficinas del mexiquense saltaron de gusto y estarán pensando que con la contraofensiva de finales de julio le quitaron la iniciativa al tabasqueño e iniciaron el turning point.

Y es que parecía suicida dejar libre el estrado. Ya no es así.