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¿Somos una república bananera?

InterludioRomán Revueltas Retes

Una de las cosas que más me irritan es cuando el extranjero presuntamente liberal —ya saben, ese yanqui de izquierdas perfectamente capaz de estrechar la mano de tiranos de la calaña de los hermanos Castro o ese activista francés dedicado a endiosar al gorila Chávez o ese joven escandinavo que cree que aquí hay que hacer la revolución y que va y se mete a una madriguera de terroristas disfrazados de luchadores sociales— cuando ese extraño supuestamente de avanzada, repito, se aparece por estos pagos y te suelta alegremente opiniones que, a primera vista, parecerían muy laudables en tanto que exhiben una genuina preocupación por la injusticia social pero que, proferidas desde el desconocimiento y una visión prejuiciosa, terminan siendo, aparte de ofensivas, tremendamente perniciosas.

Por ejemplo, vino hace poco ese hombre, el tal Oliver Stone —que es un cineasta de primera línea y cuya cinta Platoon tiene uno de los comienzos más estrujantes de toda la cinematografía (los Lockheed C-130 Hercules descargando bolsas de cadáveres de la guerra de Vietnam mientras suenan las notas del Adagio para cuerdas de Samuel Barber)— y bramó, sin más, que Calderón es un “ladrón”. ¿Quién diablos se lo dijo? ¿Qué pruebas tiene aparte de las aviesas jeremiadas de un mal perdedor que, justamente, al no reconocer su derrota y al sembrar la especie del “fraude” le ha hecho un daño grandísimo a nuestra joven democracia? ¿Y por qué se arroga el señor Stone el derecho de desacreditar los admirables esfuerzos de toda una sociedad, la nuestra, que ha ido conquistando, poco a poco, espacios y libertades que antes no conocía? ¿Y por qué no se persona en Cuba para vivir en carne propia —si es que le pasa por su cabecita siquiera insinuar que Fidel es un dictador— las consecuencias de practicar la libre expresión?

Ahora dicen por ahí que el semanario Der Spiegel se compra el cuento del las elecciones fraudulentas. Y algunos, aquí, están muy contentos. Felices de que nos vean como una república bananera. ¡Coño!