Lo peor de todo
Intelecto OpuestoEduardo González
Como titulara uno de sus mejores libros el español Ray Loriga, lo peor de todo resulta siempre lo inesperado. Para muchos, en México, casi siempre acompañado de tragedias y de malas noticias.
Lo peor de todo para nosotros, acostumbrados a estar entre lo peor de lo peor (altos índices de corrupción, inseguridad y crimen organizado, un sexenio de muertes y desempleo) es que parecería que las tragedias no nos derrumban, sin embargo sí y de manera grave. Lo digo porque hemos sido testigos de dos situaciones complejas en la vida social y política del estado en las últimas 72 horas. Primero, la evidencia cada vez más notoria de la falta de prevención en municipios hidalguenses de una cultura de la Protección Civil.
La caída de un alud en Yahualica sólo es una de las escenas más, pudo haber sido en cualquier otro sitio de la entidad y hubiera pasado lo mismo. Incluso en Pachuca, la capital, en sus partes altas, las casas se sostienen en tambaleantes pedazos de tierra que se ablandan por encima de los huecos que dejó a su paso la historia minera de Real del Monte y sus alrededores.
El Congreso ya alertó una vez más sobre la desatención municipal en esta materia, puesto que las dependencias del Poder Ejecutivo no se dan abasto con la cobertura de rescatistas, bomberos, policías y demás apoyo para la población.
Por otro lado, el detalle doloso de quien bien o mal, para muchos, es uno de los personajes políticos con más trascendencia en los últimos 3 años dentro del estado: Xóchitl Gálvez Ruiz, quien ayer –según sus propias palabras- vivió una de las peores pesadillas de su vida al enterarse de la detención de su hermana Jaqueline Malinali, quien es acusada por la Policía Federal de pertenecer a una banda de secuestradores.
Lo que representa para la recién retirada de la actividad política esta situación va más allá de las latitudes imaginables para sus propios enemigos. Incluso, no sólo la sepulta en sus aspiraciones ¿si acaso aún quedan? dentro del panorama político de la entidad. Gálvez Ruiz se quejó ayer amargamente de que para hoy, en todas las ediciones de diarios locales e incluso nacionales, sería presa del linchamiento mediático siendo que ella no había cometido ningún delito. Aquí preciso lo contrario. En efecto ella no cometió agravio alguno, pero eso fue un personaje importante, con peso específico y una responsabilidad social que le dio más de 400 mil votos y dividendos desde la elección de 2010, por lo que cualquier persona que escucha su nombre en Pachuca, Tulancingo, la Huasteca u otra zona de Hidalgo, sabe quien es, por lo tanto, es periodístico y es noticioso. Además, el hecho de que un familiar directo esté ligado con una banda o red del crimen organizado lo hace aún más trascendental. No por los posibles nexos, sino porque deja elementos para el análisis y reflexión del escenario social en el que vivimos, tan complejos, tan atrapados, tan lacerados por lo que nos rodea, por lo que nos orilla a cometer las cosas que hacemos cotidianamente y por las que estamos aquí.








