Ex alcaldes en el desastre del PRI
DE BUENA FUENTECristina Gómez
A propósito de la derrota multifactorial del PRI en Tamaulipas.
El “lobo” nunca llegó.
No hasta el momento.
Los ex alcaldes siguieron “jugando tranquilos en el bosque”.
El “lobo” sólo alcanzó a Óscar Pérez Inguanzo.
¿Lo habrá dejado seguir “jugando” desde el hospital?
Cuando “capturó” al tampiqueño, mucha gente se preguntó:
“¿Quién sigue?”
“¿Es todo lo que trae en el morral, la Auditoría Superior del Estado?”
Y es que los que se fueron, dejaron las arcas públicas en la peor quiebra que se recuerde.
Comenzando por Eugenio Hernández.
Y siguiendo con Sergio Posadas, Ramón Garza Barrios, Arturo Diez, Erick Silva y Óscar Luebbert.
Se creó la expectativa de un “plato fuerte”.
Cuando Miguel Salman tomó las riendas, nunca como entonces un Auditor Superior había tenido tantos ojos encima de él.
Los tamaulipecos querían saber si habría castigo por posibles malos manejos de recursos.
Había expectación por ver la forma en que el tema se habría de resolver.
Si se actuaba contra los ex alcaldes priistas, sería un escándalo y un desprestigio más para el partido en el poder.
Pero si no, la sociedad pasaría la factura correspondiente.
Y como fue.
La ciudadanía no se conformó con Pérez Inguanzo.
La percepción es que el órgano fiscalizador quedó a deber por mucho.
El caso OPI no bastó.
Salman lo dijo, no venía a fabricar culpables… pero tampoco a ser tapadera de nadie.
Al día de hoy, las cuentas públicas que más interesan, no han sido dictaminadas.
A los ex presidentes municipales les dieron mucho tiempo para componer irregularidades, perdón, para solventar observaciones.
Se prorrogaron las cuentas cuestionadas creyéndose que de cara a la elección del 1 de julio, el desgaste político obligaba a evitar riesgos innecesarios.
Se pensó que proceder contra otro ex alcalde del PRI, era de lo más peligroso en términos electorales.
Nunca se imaginaron que no hacerlo iba a ser peor.
Ciertamente, el horno del PRI no estaba para bollos.
Con Yarrington y Hernández en el ojo del huracán, ya tenían bastante.
Pero tenían que administrarse los riesgos.
En diciembre pasado, el Congreso Local encontró “limpio” el último ejercicio de Eugenio Hernández.
El resto, es otra historia… en la cancha de la PGR.
Los priistas tampoco vieron que mucho se recriminaron los recortes de recursos federales, pero nadie levantó la voz cuando se cometieron irregularidades en la aplicación de los fondos.
La gente sólo oyó lamentos por los tijeretazos y notó el silencio por el uso incorrecto de dineros federales.
La Auditoría Superior de la Federación desnudó la mala aplicación del Subsemun, Fismun y Fortamun.
El órgano federal dio cuenta de irregularidades de Eugenio Hernández en el gasto federalizado, mientras que para la Auditoría estatal los manejos siempre estuvieron rechinando de limpios.
Era la oportunidad de recobrar un poco la confianza perdida.
Quizá por eso, por eso y otros factores, los tamaulipecos votaron en contra del PRI.
¿Ya se habrán percatado de ello en el tricolor?








