Los sacerdotes calenturientos no son chistosos
El pozo de los deseos reprimidosÁlvaro Cueva
Hay cosas que son de uno y cosas que no lo son. ¿Por qué le comento esto? Por Cachito de cielo, una de las telenovelas con más problemas de la temporada.
Por si usted no lo sabe, Cachito de cielo es un melodrama seriado, en tono de comedia, que se transmite a las 18:15 en El Canal de las Estrellas.
Narra la historia de amor imposible entre un futbolista, que reencarna en sacerdote, y una chica maravillosa pero con muchos chistes y una cantidad impresionante de personajes de color.
Y sí, a pesar de la etiqueta de historia “original”, es una combinación de 400 mil películas, libros y series que hablan de situaciones similares.
¿A qué me refiero cuando le digo que hay cosas que son de uno y cosas que no lo son? A que los productores atrás de este proyecto son Roberto Gómez Fernández y Giselle González.
A lo mejor usted no lo recuerda, pero esta sensacional pareja creativa es la que más telenovelas inteligentes le ha dado a Televisa en los últimos años.
A ellos les debemos éxitos como Alma de hierro y joyas como Para volver a amar. ¿Qué tienen que estar haciendo con una propuesta como Cachito de cielo?
Es como si Epigmenio Ibarra (Infames) se pusiera a producir, en este momento, a Polo Polo. ¡Pues claro que no!
A pesar de que un productor tiene que ser capaz de producir cualquier cosa, hay una suerte de congruencia editorial que no se puede hacer a un lado.
Roberto y Giselle deberían estar haciendo, en este momento, conceptos como La promesa, deberían estar cuestionando al sistema, ofreciendo soluciones, ayudando a los demás.
Cachito de cielo era para otro tipo de productores y olvida una de las cuestiones más delicadas a la hora de hacer televisión abierta: en este país somos católicos.
¿A quién se le ocurre ofrecernos la historia de un sacerdote enamorado?
Yo pensé, al principio de esto, que Cachito de cielo se iba a salvar por el tono de comedia pero, al contrario, es precisamente por ese tono de comedia por lo que se está hundiendo.
El protagonista de esta emisión, en lugar de sentirse medianamente culpable y de estar ofreciéndole disculpas a Dios todo el tiempo, se la pasa en el chistorete como si faltarle al respeto a la investidura sacerdotal fuera una gracia.
Venimos de La rosa de Guadalupe, todos místicos, rezando y levitando. No puede ser que después de eso Televisa nos salga con un sacerdote sin camisa que despierta las calenturas de no sé cuántas mujeres.
Y menos con un humor rarísimo entre Doctor Cándido Pérez, pastorela y angelitos Big Brother en tiempos de sacerdotes pederastas, víctimas de abuso sexual y todo lo que usted ha leído, visto y escuchado de personajes como Marcial Maciel.
Esto no es Argentina, no es Padre coraje. Aquí, cuando nos hemos atrevido a meternos con la Iglesia, o hemos fracasado estrepitosamente como en Tentaciones (1998) o nos hemos metido con todo menos la picardía y la sexualidad como en Padre gallo (1986).
Lo siento, así somos, así funcionamos y no sé usted, pero yo he visto, en esta producción, momentos que me han parecido profundamente ofensivos como cuando el galán de esta historia ha transformado algo tan serio, como la Santa Misa, en una pachanga.
Sí, aceptamos sketches con personajes como ‘Chabelita’ (Nora Velázquez) y el sacerdote o como ‘Guillo’ (Chabelo) y el cura.
Pero los aceptamos porque estamos en el entendido de que se trata de comedia pura, no de melodrama, y porque el acento no está puesto en la religión, está puesto o en las beatas o en los monaguillos.
Pero de ahí a que aceptemos algo como lo que está pasando todas las tardes en nuestros monitores, sí hay una diferencia. ¿O qué, acaso usted espera que el sacerdote se case con la chica linda al final de esta telenovela?
Además de que, en términos de programación, esto es un desastre. Teníamos un público joven que estaba viendo La rosa de Guadalupe y en lugar de retenerlo, lo mandamos a Canal 5.
¿Y a dónde se fueron las familias y las señoras? ¿A dónde se fue el público de Amorcito corazón? A Lo que callamos las mujeres que, lo que sea de cada quien, está mejor cada día.
¿Quién se va a quedar mirando Cachito de cielo? Pues nomás los televidentes que están esperando Amor bravío y, a veces, hasta lo dudo.
Qué triste porque, insisto, Roberto y Giselle son de los mejores productores que tenemos en México y si algo tiene esta realización es talento.
No hay manera de no reconocer la grandeza de elementos como Maite Perroni, Raquel Pankowsky, César Bono, Cecilia Gabriela, Juan Carlos Barreto, Cynthia Klitbo, Azela Robinson, Rafael Inclán, Jorge Poza, Eduardo España y Pedro Fernández, por mencionar solo a unos cuantos actores.
En cualquier rincón de América Latina matarían por un reparto así. Son puros figurones increíbles pero no iba por ahí el asunto. ¿O me equivoco? Urge corregir.








