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¿Día del Rock?

FusileríasAlfredo C. Villeda

Quienes cultivan el fantasmal oficio de creadores de efemérides decidieron, quizá por lanzamiento de dardos, tal vez por el azar de los dados, declarar el 13 de julio como el Día del Rock. “Desinformado”, responderán de inmediato quienes saben que un día como ayer, de 1985, el mundo atestiguó un concierto a dos pistas, Londres y Filadelfia, de cuya magnitud no se tenía noticia desde el Woodstock de 1969.

Bob Geldof, cantante devenido actor y activista, organizó el acontecimiento musical titulado Live Aid, cuyo propósito era la recaudación de fondos para apoyar a las víctimas de sequía y hambruna en Etiopía. Encomiable altruismo, qué duda cabe. ¿Para qué sirvió? Los beneficios del recital pueden medirse casi en su totalidad en el terreno musical.

Quienes se volvieron un momento para atestiguar de soslayo las carencias históricas de esa región del África negra recuperaron la atención en el escenario ipso facto con el gran espectáculo, digamos, de Robert Plant, Jimmy Page y Jon Paul Jones, los legendarios miembros de Led Zeppelin, quienes se reunían por vez primera desde la muerte de su baterista, John Bonham, para tocar “Rock&Roll”, “Whole Lotta Love” y “Stairway to Heaven”.

Otros, los más fresones, estaban fascinados con la llegada de Madonna al recital, de la mano de su entonces esposo, el actor Sean Penn, y disfrutaron como todos el gran despliegue coreográfico de la entonces figura emergente del pop. Participaron The Who, Sting, Status Quo, Judas Priest, Black Sabbath, Scorpions, U2, Duran Duran, Phil Collins, Eric Clapton, Tina Turner, Mick Jagger y Paul McCartney. Ese fue el acontecimiento al que asistió el mundo. Ahí fue donde Bono se convirtió al activismo.

Por el amor y la paz, más significativo y representativo, Woodstock tiene méritos cuadriplicados para ser el emblema del rock, con su festival del 15 al 18 de agosto de 1969, sin más aspiración que la de cantar a la vida, a la juventud, al universo hippie. Por las tres muertes de las duras jornadas en esa granja neoyorquina, sus excesos y la mitología generada, resulta fundacional. Pero si las dudas persisten, por las ausencias de Beatles, Doors, Dylan y King Crimson, hay que revisar la alineación de los cuatro días de rock.

Santana, Canned Heat, Grateful Dead, Creedence Clearwater Revival, Janis Joplin, The Who, Jefferson Airplane, Joe Cocker, Ten Years After, Neil Young, Jimi Hendrix… Es decir, por el puro carácter pionero del cónclave, en dimensiones, asistencia y monstruos en el escenario, da más estrellas colgarse la camiseta Woodstock que la de Live Aid, que tuvo una segunda versión en 2005, Live 8, más cercana a Shakira y su África del waka waka.

Hay otros conciertos legendarios y algunos que aun se convirtieron en sagas: Newport, Monterey, Bangladesh, Montreux, Knebworth… Y si de elegir de forma arbitraria se trata, bien pueden competir.

La espiral que motivan las redes sociales ya dejó en una placa de la memoria colectiva que el 13 de julio es el Día del Rock, 24 horas después, por cierto, del aniversario del primer concierto de los Rolling Stones, efeméride que anteayer cumplió medio siglo y bien podía ser, también, la elegida. ¿O por qué no el día de enero de 1956 en que, con una guitarra colgando al hombro, un muchacho campirano entró a un estudio en Memphis para grabar “Heartbreak Hotel”, o el 27 de ese mes del mismo año, cuando se lanzó el sencillo? ¿Acaso Elvis Presley no es El Rey?

Robert Louit ha escrito que en abril de 1954, cuando Bill Halley graba “Rock around the clock” en el sello Decca, el rock es apenas una curiosidad; pero cuando meses después Elvis entra con su lira a los estudios Sun, una nueva música acababa de nacer. Y cita a Neil Young: “Rock & Roll can never die,/ There’s more to the picture tan meets the eye”.

¿Día del rock? Quizá la efeméride no tenga la menor importancia.

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