Tejiendo la red
Sonido & VisiónFernando Cuevas
Se ha dicho con insistencia que esta versión del superhéroe arácnido llega demasiado pronto, cuando apenas se estaba archivando la trilogía propuesta por Sam Riami. Es cierto que el personaje en cuestión puede ser el más atractivo de los creados por la dupla Lee-Ditko a principios de los 60, al grado de que no se concibe verlo como parte de Los Vengadores, pero de ahí a arriesgarse nuevamente a proponer una saga parecería un exceso. Christopher Nolan esperó lo suficiente, en cambio, para regalarnos su poderosa visión de Batman, aún insuperable en este rentable vínculo entre cómic y cine.
Dirigida por Marc Webb, conocido por la evocativa 500 días con ella (09), en la que recrea una relación que de antemano sabemos no va a ser duradera, El sorprendente Hombre Araña (EU, 12) reescribe el origen del famoso bachiller cuasi-invisible que, por andar curioseando de más, se transforma en un híbrido humanoarácnido con las ventajas de unos y de otras, acaso como una alegoría de la adolescencia y sus drásticas e incomprensibles transformaciones. Con algunos cambios en el origen y desarrollo del personaje (se extraña al periódico y a su malhumorado director), el guión refuerza la necesidad de entender el propio origen, así como el dilema entre ser un tipo común o convertirse en el héroe que todos estábamos esperando, como si se tratara de la rifa del tigre.
A pesar de aparentar más edad que la de los preparatorianos promedio, la pareja protagónica se configura de manera creíble, atractiva y con más o menos intensidad. Emma Stone interpreta a una estudiante modelo inverosímilmente madura, como poco creíble es la transformación del abusador escolar: de ejercitante del bullying más abyecto, de pronto hasta luce una playerita cual fan incondicional del arácnido redentor. Por su parte, Andrew Garfield recuerda sus actuaciones en Nunca me abandones (Romanek, 10) y en La red social (Fincher, 10), con sendos personajes imposibilitados para ser felices por distintos motivos, y construye un empático Peter Parker al que uno termina estimando.
El cuadro actoral completado por Denis Leary como el jefe de policía y padre ejemplar; Campbell Scott como el padre que salió huyendo, dejando tras de sí un portafolio con pistas, y los tíos, encarnados por los siempre sólidos Martin Sheen y Sally Field, consiguen darle vida propia a sus respectivos caracteres, sin opacar la presencia de los jóvenes intérpretes. Por supuesto, no podía faltar la presencia de Stan Lee, ahora trabajando como ensimismado bibliotecario, mientras sus criaturas destruyen toda la escuela.
El lagarto, convincentemente interpretado por Rhys Ifans, coquetea con la vieja idea del superhombre y se instala en la batalla continua entre un medido humanismo y la soberbia que se desprende de la adquisición del poder, un poco como le sucede al propio Hombre araña, aunque desde una perspectiva más lúdica y adolescente: el lucimiento personal, correr riesgos en apariencia absurdos y confundir la justicia con la venganza.
El humor funciona pero escasea, sobre todo porque los diálogos son casi siempre predecibles, con pocos giros que sorprendan, a pesar de los buenos oficios actorales, mientras que la excesiva estética digital por momentos nos aleja de las emociones, no obstante el cuidadoso diseño de edificios, interiores y callejones citadinos. La cámara y el juego de grúas, tanto en pantalla como fuera de ella, se asemeja a una telaraña que sale disparada o bien juega con abundantes picados, para seguir los diversos eventos, con firme versatilidad. El dilema, al parecer, termina siendo: ¿es más importante el honor de cumplir una promesa o la fuerza del amor?
VAMPIRO TELENOVELERO
La mayor potencial virtud de la nueva entrega de Tim Burton se convierte en su principal problema: la mezcla de géneros, que de entrada se antojaba como un sustancioso coctel de situaciones que sustentadas en el humor negro, pero que terminaron siendo más bien como si se tratara de compartimentos estancos entre los que resulta difícil encontrar una fluidez narrativa y argumental más consistente. No todos los personajes terminan desarrollándose de la mejor manera: mientras que la bruja, la hija y la psiquiatra le ponen sensualidad al asunto y cierta picardía (Eva Green, Chloë Grace Moretz y Helena Bonham Carter), los miembros de la familia Collins acaban resultando unidimensionales.
Entonces como espectadores nos vamos centrando cada vez en el, ése sí, contundente diseño artístico, plagado de disfrutables elementos que van desde el vestuario hasta los decorados, así como las escenografías góticas y el manejo de los colores, con una predominancia de los tonos azulosos que se van contrastando con explosivos rojos. Algunos encuadres de expresividad plástica, cual sello de la casa, contribuyen a hacer más llevadera la vuelta a la vida del vampiro, entre hippies, televisores y cantantes de dudosa estampa.
Basada en la telenovela homónima que se transmitió durante la segunda mitad de los 60 y un poco más, Sombras tenebrosas (Dark Shadows, EU, 12) parece dudar de sí misma y se queda en un mero ejercicio de estilo, aunque por fortuna se trata de Tim Burton. Nada mal le vendría una transfusión argumental para revitalizarla sobre todo en aquellos pasajes que parecen no abonarle nada al desarrollo de los acontecimientos.
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