Edición:

Defendamos nuestra democracia

InterludioRomán Revueltas Retes

No me gusta hablar de cosas familiares pero yo soy una víctima directísima del PRI. El antiguo régimen nacionalista revolucionario metió a mi padre a la cárcel. Esta situación, ocurrida cuando tenía yo 16 años, hizo que mi madre decidiera enviarme fuera de México. Tenía el temor, que luego resultó completamente infundado (finalmente, las durezas de la llamada “dictadura perfecta” no se comparan en lo absoluto a las atrocidades perpetradas por los gorilas argentinos y chilenos),de que hubiera represalias contra los parientes directos de los activistas del 68. Y así, mi vida cambió por completo de la noche a la mañana. En prisión —y por las mismas razones— estuvo también mi queridísimo amigo Luis González de Alba, el columnista que prefiero de todos cuantos escribimos en MILENIO Diario. Somos, luego entonces, dos personas que saben de lo que hablan cuando se refieren a unas épocas que los actuales votantes mexicanos, en su gran mayoría, no han vivido.

Pero, mira, esos mismos beneficiarios de las libertades que disfrutamos hoy te sueltan sin mayores reparos que el gobierno de Calderón es “fascista” y te hablan de “fraude” e “imposición” sin advertir siquiera que el virtual presidente electo de la República no milita en el mismo partidopolítico que el presidente en funciones. ¿Quién ganó, este 2 de julio? ¡Ganó la oposición, señoras y señores! Es decir, ganaron los adversarios del partido en el poder. Y el primer panista de la nación, al poco tiempo de enterarse de los resultados del conteo rápido, apareció en las pantallas de la televisión y reconoció el triunfo de sus adversarios. Le deseó además buena fortuna a su sucesor y ofreció colaborar para facilitar una transición civilizada y beneficiosa para la nación. Hasta ahí, una palmaria exhibición de los usos y costumbres de nuestra democracia.

Nada de esto ocurría en aquellos tiempos. Y quienes hemos padecido, justamente, la opresión de un régimen autoritario, nos damos cuenta de ello, lo reconocemos y lo decimos abiertamente: México, hoy, es más democrático y más moderno. Pues eso.