Hasta la "kufiya" de Arafat tenía polonio 210
Daños colateralesIrene Selser
Eran las 3:30 de la madrugada del 11 de noviembre de 2004, cuando el general Christian Estripeau, máxima autoridad médica del ejército francés, informó al mundo en un parco comunicado de la muerte del líder histórico de los palestinos, Yaser Arafat, en el Hospital Militar francés de Percy, cerca de París. Poco después, su joven viuda y ex secretaria, Suha Tawil, con quien Arafat tuvo una hija, declaraba a la agencia rusa de noticias Itar-Tass que “aún no ha sido revelada toda la verdad” sobre su deceso.
Los médicos del hospital Percy, adonde el presidente de la Autoridad Palestina (ANP) había sido trasladado el 29 de octubre desde Ramala en estado casi agónico, reconocieron que no se había logrado establecer la “causa precisa” del deceso, y solo expresaron oficiosamente que el dirigente de 75 años mostraba “anomalías en su sangre”.
Arafat había entrado en coma el día 3 y había sido conectado a un respirador, en medio de toda clase de especulaciones que incluyeron leucemia, cirrosis y hasta la portación del VIH.
Nacido en El Cairo en 1929, el también presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y fundador del partido secular Al Fatah, Arafat había recibido diez años antes el Nobel de la Paz junto a los líderes israelíes Shimon Peres e Isaac Rabin, este último asesinado un año después por un extremista israelí al cabo de un mitin multitudinario en la Plaza de los Reyes, convocado por el entonces primer ministro bajo el lema “Sí a la paz, no a la violencia”.
Arafat llevaba dos años recluido por un cerco militar israelí en su cuartel cisjordano de Ramala, cuando fue llevado a París en un avión jordano. Los médicos hablaron de “púrpura trombocitopénica idiopática”, pero no le práctico la autopsia.
En 2010, uno de sus guardaespaldas, Imad Zaki, que acompañó a Arafat de 2008 hasta su muerte, dijo a la prensa que había muerto envenedado y acusó de ello a la inteligencia israelí. Una hipótesis, la del envenenamiento, que confirma ahora, desde Suiza, un estudio de nueve meses del Instituto de Radiofísica del Hospital Universitario de Lausana, a pedido de la cadena de tv de Qatar, Al Yazeera.
El dictamen de los siempre neutrales suizos concluye que los restos de sangre, sudor, saliva y orina en algunos de los objetos personales de Arafat, incluyendo su emblemática kafiya (el pañuelo palestino a cuadros), “permite confirmar una cantidad inexplicable y elevada de polonio 210 en sus pertenencias que contenían manchas de fluidos corporales”, dijo el director de ese instituto médico, Francois Bochud.








