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Elecciones, odio y terror

El pozo de los deseos reprimidosÁlvaro Cueva

Felicidades, si usted está leyendo esto es que llegó con vida a la primera mitad de 2012.

Sí, aunque la mera mitad de este período es hasta mañana, hoy es el último viernes de este semestre tan espantoso y, como siempre, le voy a hacer mi tradicional resumen de medio año.

¿Por qué es importante un resumen de medio año? Porque si reflexionamos ahora, vamos a tener la oportunidad de corregir y de terminar mejor.

¿Y por qué le digo que este primer semestre de 2012 fue espantoso? Porque lo fue. Llevamos seis meses de odio, de intolerancia, de injusticias, de guerra y de desenfreno.

Obviamente, lo que más ha marcado la agenda ha sido la política, pero a mí, como crítico de televisión, lo que más me llamó la atención fue la manera como esa política se convirtió en el peor de los pretextos para sembrar el caos.

Sí, muy chistosos los spots que nos chutamos durante las campañas, muy intensas las mesas de análisis, muy pesadas las encuestas y muy rudas las notas en los noticiarios, ¿pero y lo demás?

Mientras todo el mundo estaba defendiendo o atacando a su candidato favorito, aquí sucedió de todo: peleas, alianzas, separaciones. Los medios dejaron de ser medios para convertirse en los grandes protagonistas de la noticia.

En este semestre, como en ningún otro, se cuestionaron las relaciones entres nuestras más importantes televisoras y el poder, entre nuestras más importantes televisoras y otras clases de negocios.

¡Hasta la gente fue a protestar afuera de las oficinas de diferentes medios como si se tratara de sucursales de la Secretaría de Gobernación!

¡Hasta un movimiento estudiantil se organizó enarbolando la bandera de la crítica hacia la manera como trabajan o no trabajan nuestras televisoras!

¿Cuándo había visto usted algo parecido? Y es que sí fue muy contrastante, en los primeros dos trimestres de este año, que mientras la realidad iba para un lado, lo que millones de televidentes observábamos en pantalla iba para otro.

Jamás se dejó de informar, pero mientras que algunas cuestiones de color como el escote de Julia Orayen alcanzaron tintes de verdadera prioridad nacional, otras, que sí fueron importantes, apenas y se mencionaron.

Si no hubiera sido por las redes sociales, esto hubiera sido tierra de nadie tal y como quedó demostrado con el debate del movimiento #YoSoy132 y con las producciones de nuestros queridísimos videobloggeros como Werevertumorro, Benshorts y los chicos de IrreverenTV.

En materia de telenovelas vimos de todo, desde los más valientes ejercicios melodramáticos como Infames y Mucho corazón (Chiapas) hasta los más descafeinados refritos como Miss XV y Abismo de pasión.

Lo más interesante fue que en esta búsqueda del entretenimiento telenovelero se comenzó a jugar con nuevos lugares comunes, como el travestismo y la reencarnación al estilo de Por ella soy… Eva y Cachito de cielo.

A mí, lo que más me dio tristeza fue que las pocas buenas series que se produjeron en este país, como Cloroformo y la última temporada de XY, apenas y recibieron la atención que merecían.

En cambio, los programas dominicales, los talk shows y las emisiones de revista fueron tratadas como si en verdad se tratara de las máximas aportaciones audiovisuales de los últimos años.

Nada más el caso de los concursos de imitadores, como Parodiando y Soy tu doble, eran como para que la gente hubiera protestado.

Pero el público no sólo no protestó, se dispuso a seguirle el jugo a conceptos como Pequeños gigantes 2 que a todas luces representan un atentado contra la dignidad infantil.

Para que vea a dónde se fueron los valores en esta primera mitad del año, para que vea cómo le fuimos faltando al respeto a todas y cada una de las instituciones que nos fueron poniendo en pantalla.

Desde al mismísimo Chespirito con aquella mamarrachada inmunda titulada América celebra a Chespirito hasta a figuras otrora sagradas como los maestros, los policías y el IFE.

Tenemos mucho que pensar sobre lo que vimos de enero a la fecha porque, ¿a usted no se le hizo raro que, en lo que llevamos del año, casi nadie produjera programas de comedia?

El mundo entero dice y reconoce que la televisión está pasando por una nueva época de oro precisamente por la producción de muchas y muy buenas comedias.

¿Y nosotros qué hicimos? ¿Darle continuidad a Las lavanderas? ¿Y nosotros qué estrenamos? ¿Naucalpan son machín? ¿Naucalpan son machín en lugar de la segunda temporada de María de Todos los Ángeles?

Qué fea mitad de año porque sí, en los cables y antenas directas al hogar tuvimos acceso, entre otras cosas, a títulos magistrales como Game of thrones y Boss.

Pero a todo lo que le acabo de mencionar súmele que muchas de nuestras series más queridas, como Dr. House y Desperate housewives, se fueron para siempre. ¿Así cómo? ¡Cómo!