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Vota

Gonzalo Oliveros

Vota por quien te estorbe menos. Sí, quien sea menos invasivo en tu vida cotidiana. Que no quiera mandarte y obligarte a cambiar tu estilo y modo de vida.

Vota por quien respete las libertades y quiera que se expandan. Los políticos que desconocen derechos de unos terminarán, siempre, desconociendo aquellos que no sean los benéficos para su proyecto personal de poder.

Vota por quien te dé confianza su equipo. No sólo el que anuncie que será su gabinete, sino aquellos que han estado ahí antes y después de la elección. Nombres espectaculares se pueden dar una y otra vez; los que hayan estado con el candidato en buenas y malas son los que tendrán su confianza y serán su verdadero acierto o peligro.

Vota por el candidato que no sobredimensione a los medios de comunicación. Esto tanto para bien como para mal. Los últimos años han sido una lección de cómo no debe de ser la política: encadenada al spot. Envilecida por la nota positiva o negativa del personaje. Esclava del noticiero.

Vota por el partido que nomina al candidato. Lee. Entiende que propone pero, más importante, quién forma a ese partido. Como en una obra de teatro, puede que el protagónico sea un actor carismático y talentoso, pero si el autor de la obra es un gran embustero, habrá que tener cuidado del final.

Vota por el pasado. Sí, por la historia de los equipos y del candidato. Por sus logros y fracasos. Por sus dichos y hechos. Por lo logrado, lo oculto y lo que, pese a todo, sale a la luz.

Vota por la comunicación. Por quien platicó, debatió y enfrentó las dudas de todos. Por los que no usaron medios y fines aviesos para lograr su objetivo. Por el que no se disfraza de oveja para ser comida por el lobo de las redes sociales mientras él mismo devora a los tuiteros de otras formas.

Vota por la sinceridad. Ninguno lo es en completo.

Vota por el presente. Los cómos propuestos, las respuestas a quienes se oponen a su idea, su relación con medios y sociedad, por quien –pese al cinismo de los cuatro o de los cinco– haya tenido luces de interés por ti y tu país.

Vota por el futuro. Por aquello que, si gana, te haga sentir orgulloso el 2 de julio. Que no sea motivo de vergüenza al día siguiente de la elección o de temor en los años por venir. Que cuando le cuentes a tus hijos que fuiste a votar, no lo hagas con cara de haber puesto un ladrillo al fracaso.

Toma la calle. Enfílate. Vence la lluvia y la zozobra de este México que necesita, ya, que actuemos todos.

Vota. Anula. Escoge. Exige. Recuerda esa pasión de ellos últimos días de campaña.

Pero vota.