Una amenaza nuclear en Arizona
Duda RazonableCarlos Puig
Ayer la Corte Suprema de Estados Unidos ratificó algunas de las fracciones más duras contra inmigrantes de la ley de Arizona que intenta acabar con los indocumentados.
Al respecto, reproduzco fragmentos de una carta que Anne Doan envió hace una semana a un diario digital de Arizona sobre un incidente padecido por el único gobernador de ese estado de origen hispano (la traducción es mía):
La semana pasada tuve el honor de acompañar al ex gobernador y embajador de los Estados Unidos en Bolivia, El Salvador y Argentina, Raúl Castro, a la celebración por sus 96 años en Tucson, Arizona. Castro y su esposa Patricia podrían vivir en cualquier parte del mundo, pero decidieron vivir en Nogales. Cuando pasamos por el retén de la Patrulla Fronteriza en la carretera I-19, al norte de Tubac, nos detuvieron después de que una agente afirmó que parecíamos una amenaza nuclear. La agente nos preguntó si alguno de nosotros había estado en tratamiento médico reciente y el gobernador Castro dijo que se había sometido a uno el día anterior. La agente nos dijo que la solución que había tomado podría haber ocasionado que se desatara la alarma.
Nos enviaron a la inspección secundaria y se nos pidió que nos bajáramos del auto. Cuando le pidieron al gobernador que pasara a una carpa, les pedí si podía quedarse en el auto para poder disfrutar del aire acondicionado, ya que hacía un calor sofocante. Los agentes me dijeron que no. Les expliqué lo de la solución que había tomado el día anterior y que eso podía haber causado la alarma. Me ignoraron y lo mandaron a la carpa con temperaturas alrededor de los 40 grados. Les expliqué que estaban frente a un hombre de Estado a punto de cumplir los 96 años, que había servido a su país como gobernador y embajador. Ellos sabían que había sido el procedimiento médico lo que nos tenía ahí. Aún así, lo hicieron esperar, trajeron documentos para que llenara y firmara, lo escanearon con un aparato que recorrió su cuerpo completo y por fin nos dejaron ir. Cuando caminábamos hacia el auto, nos volvieron a llamar y le pidieron al gobernador su identificación. Tomaron los datos y entonces sí, emprendimos camino.
Me sentí abrumada por el incidente. Los agentes no tuvieron ninguna consideración por la trayectoria o la condición física del gobernador. Me sentí avergonzada al ver al gobernador tratado como una amenaza nuclear, especialmente porque ellos sabían que se había sometido a un procedimiento en el Hospital del Corazón de Tucson el día anterior. Le faltaron al respeto como ciudadano, ya no digamos como el estadista que es.
Después de este caos bajo el calor de Arizona, pensé que fue muy interesante que nadie nunca me pidió identificación, y yo estaba manejando el automóvil. Tal vez yo era la amenaza nuclear.
El absurdo de Arizona, hoy validado por la Corte Suprema.
Twitter: @puigcarlos








