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El IFE sí cumple

InterludioRomán Revueltas Retes

El Estado debe tener una superioridad moral sobre los ciudadanos. Por eso, a pesar de que mucha gente pide la ejecución de los secuestradores, no hay pena de muerte. Y por eso hay leyes y reglamentos que restringen los impulsos de los individuos. El proceso civilizatorio, además, va propiciando la instauración  de garantías crecientes que aseguran cada vez más derechos a las personas: golpear a una mujer era tal vez una costumbre que no sólo se toleraba en el pasado sino que se admitía con cierta naturalidad. Pues bien, hoy es un delito. Y si antes un juez podía dictar una blanda sentencia a un marido que hubiera matado a la esposa infiel (como si las infracciones cometidas en el ámbito personal merecieran una especie de castigo bíblico y como si los celos fueran una circunstancia atenuante merecedora de indulgencias legales), hoy debe juzgar con una imparcialidad despojada de prejuicios machistas o, por lo menos, eso es lo que se espera de él. Queda mucho camino por andar en este terreno, es cierto, pero las leyes ya están ahí y esto es un avance innegable.

Los que no nos actualizamos somos nosotros, a pesar de que somos los beneficiarios directos de la modernización del organismo jurídico. Seguimos llevando dentro una inquietante porción de salvajismo y si no llegamos a comportarnos más bestialmente es precisamente porque las leyes nos meten miedo, es decir, porque sabemos que hay duras consecuencias cuando cometes excesos (por cierto, esto, lo de las consecuencias —o, más bien, lo de la falta de ellas— es lo nos ha llevado a tener terroríficos niveles de impunidad en este país: la escandalosa ineficiencia del sistema judicial reduce sustancialmente el efecto disuasorio de las leyes). Pero, más allá de que la ley pueda ser letra muerta en ciertas circunstancias, debemos ponernos al día en lo que toca a nuestra percepción global de las cosas y reconocer que las instituciones son cada vez más fuertes en México. Dicho en otras palabras, el IFE hace bien su trabajo. Decir esto es un simple acto de gratitud ciudadana. Pues eso.