Día 17: Andrea Pirlo
Crónicas del EsteJosé Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo
Antes de llegar aquí sucedieron muchas cosas, Italia e Inglaterra jugaron casi un siglo de futbol. El partido tuvo muchas eras, pasó por el barroco de Balotelli y Cassano, el renacimiento de De Rossi, la revolución industrial de Gerrard y Rooney o la armada invencible del almirante Terry. Ambos equipos recorrieron todos los estilos que han conocido para atacar y defender, pero al final fue el romanticismo de Andrea Pirlo la época que definió el partido. En qué momento de la vida de un futbolista decide que es hora de irse al cielo. La Eurocopa no había tenido hasta ese día una situación tan crítica. Una serie de penales con Inglaterra e Italia agotadas en el campo, dos aficiones afónicas y una semifinal en juego. Pirlo regaló al futbol una de esas obras maestras que con el tiempo se vuelven clásicos. Cuando Panenka patentó el remedio para la cordura en 1976 venciendo a Sepp Maier, sin darse cuenta fundó un manicomio de futbolistas. Sin embargo, hay razones para creer que Pirlo cobró ese penal en sus cinco sentidos porque la eliminatoria a esas alturas requería un compromiso con la historia, una jugada que convirtiera los cuartos de final de Kiev en eternos. Después que el balón superó Hart, Inglaterra fue embalsamada con honores, su futbol es una reliquia. Sigue dependiendo de las leyendas, pero no tiene jugadores que reencarnen en Lancelot o Robin Hood. Italia sí, alineó a Da Vinci. La creación de Pirlo no se limita a aquel penal, durante todo el partido fue el tipo que archivó el balón, domesticó el catenaccio y causó taquicardia en el valiente corazón británico. No podemos reprocharle nada a Inglaterra aún lejos de su arrojo, hizo historia, fue derrotada la noche que Pirlo detuvo el tiempo en Kiev.
EUROZONA
Si los políticos europeos tuvieran la misma valentía y talento de Pirlo en momentos críticos, el euro tendría más futuro y menos suspenso.









