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Calderón: ¿ganar perdiendo?

Día con díaHéctor Aguilar Camín

Iba más de la mitad del debate organizado por los jóvenes de #YoSoy132 cuando Alejandro Hope, que se ocupa de temas de inseguridad y violencia, preguntó por su tuit a qué hora iban a entrar al debate los 60 mil muertos del narco.

Nunca entraron. Ni a este debate, que apenas pudo seguirse por una mala decisión técnica de los organizadores, ni en los otros dos. Ni en el resto de la campaña.

El tema que ha sacudido la conciencia pública como ninguno, el que ha marcado la imagen internacional de México, no fue tema de campaña, salvo en el sentido de que los candidatos tuvieron que decir lo que harán en materia de seguridad.

Dijeron más o menos lo mismo: mantendrán a las fuerzas armadas en la calle mientras desarrollan policías federales y estatales que puedan suplirlas.

El más audaz en sus plazos fue López Obrador, quien comprometió el regreso de soldados y marinos a sus cuarteles en seis meses.

El más claro en sus números fue Peña Nieto, quien propone aumentar a 50 mil los efectivos de la Policía Federal y crear una gendarmería de otros 50 mil, precisamente con los soldados y marinos que hoy se ocupan de tareas de seguridad, pero en otra corporación y bajo mando civil.

Ninguno de los candidatos abordó mayormente el tema de la violencia, ni el de las víctimas, salvo en una reunión con Javier Sicilia y los deudos de muertos y desaparecidos.

La lógica de la campaña borró la violencia como tema. No era la candidata oficial quien llevaba la ventaja y no era al gobierno de Calderón a quienes los candidatos debían atacar.

Josefina y López Obrador debían atacar al puntero, que era Peña, y mal podían reprocharle a él “la guerra de Calderón” o el “pobre desempeño económico”. Con la ventaja que tenía sobre Josefina, Peña Nieto tampoco necesitaba atacar al gobierno. Y el gobierno no lo atacó a él como muchos pensamos que lo haría: echando priistas a la hoguera judicial.

Las debilidades, reales o imaginarias, de Peña Nieto se volvieron el centro del debate: corrupción, impunidad, autoritarismo... todo lo que muchos votantes de México recuerdan y repudian del viejo PRI.

El ataque sobre esas líneas no ha sido suficiente para cambiar las preferencias de los votantes, pero sí para que el gobierno de Calderón quedara fuera del tiroteo.

Calderón vio ratificada por los contendientes su estrategia de seguridad y cruzó por los tres meses de batalla sin ser el centro de la crítica. Creo que hubiera preferido salir raspado y con su partido triunfante. El hecho es que al parecer saldrá derrotado e ileso.