Coalición, ciudadanía y ciberpolítica
De monstruos y políticaMarco Rascón
¿Estamos preparados los mexicanos para aceptar el resultado electoral?
Para un sistema político donde se gana y se pierde todo, herencia del viejo régimen presidencialista, monopolio del poder que repartía discrecionalmente a los opositores y a los suyos, la competencia cerrada es incompatible con el reconocimiento de los resultados electorales: es todo o nada.
Para un país donde los monopolios son el sistema de pensamiento y de orden; el poder se arrebata y los resultados siempre son fallidos e inexistentes; la realidad es la que se equivoca, pues en México no existen opciones para reconocer la existencia del otro. Si uno gana, el perdedor debe ser eliminado y desprestigiado, pues no se puede reconocer que exista la voluntad popular o la decisión del voto.
El PRI creó esa cultura y transformó la idea arcaica de que “yo voto por el PRI porque siempre gana” en el recurso técnico de las encuestas para hacer del triunfo el principal argumento de convencimiento. Las encuestas sí existen, pero son una serpiente comiéndose la cola.
Por eso, al cierre de las campañas, el principal argumento no es llamar a votar por convicción de ideas, sino seguir la proclama de triunfo del candidato. Tanto Andrés Manuel López Obrador, como Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto y hasta Gabriel Quadri se declaran ganadores de la elección.
Extrañamente, analizando el contenido de las propuestas y compromisos de empleo, vivienda, seguridad, honestidad, crédito, hospitales, escuelas, becas, etcétera, son parte del lenguaje común de los candidatos presidenciales. Ninguno dice que esas propuestas, promesas o compromisos son así, porque no son meritorias de ellos, sino sus responsabilidades primarias al ejercer el presupuesto público. ¿Qué significa gobernar diferente, más allá de lo que les dictan sus responsabilidades? En México los gobernantes nos ofrecen a los ciudadanos como dádiva, lo que es ley y no se cumple.
La promesa de “cambio” en boca del PRI considera que estos 12 años de panismo fueron para ellos unas merecidas vacaciones luego de estar en el poder por más de 70 años. La regresión no significa cambio, sino farsa. Lo paradójico es que con este concepto no entra en contradicción el PRI sino que hace crisis la idea del cambio, pues nunca como ahora fue tan invocado y nunca, tampoco, fue tan frívolo y ridículo.
El país ha cambiado, pero no satisface y es porque sigue gobernado por una minoría que se esconde tras el poder económico que ha impuesto las reglas a la política, a los ciudadanos, a los procesos electorales y se lo quiere imponer a la tecnología.
En estos tiempos del repunte tecnológico en la comunicación horizontal, frente a los nuevos actores sociales, el país se debate entre la idea de la estructura política de someter, corporativizar y controlar el gran fenómeno entre el paso ciudadano del online al offline que llegó a la calle en esta primavera a cuestionar la gran herramienta del control que son los monopolios de la información y los valores a través de los medios de comunicación, que han sido el brazo tradicional del poder.
En México nuestra democracia sin ciudadanos ha fabricado una ciudadanía legal, pero inexistente, como lo afirma Marta Gloria Morales Garza en el prólogo del libro ¿Ciberrevolución en la política? De Germán Espino (ed. Fontamara y la Universidad Autónoma de Querétaro 2012), y que cita la idea del ciudadano imaginario de Fernando Escalante, estableciendo a la insurrección del EZLN y al zapatismo como el movimiento que detonó en México la importancia de las redes sociales a través del internet. En el plano internacional, el paso de la virtual a lo real, de lo individual a lo colectivo y de lo imposible a lo posible, y que fue la campaña de Barack Obama en 2008 antecedida por los globalifóbicos de Indymedia.
En esta elección de 2012, más allá de la disputa electoral, existe el conflicto por el control de la ciudadanía desde los mecanismos corporativos de la política y es una lucha que no terminará el 1 de julio; más aún, si se impone la restauración del viejo régimen y la regresión con las mismas herramientas del control y la manipulación.
Conclusión: para avanzar, solo podría salvarnos un gobierno de coalición, y para ello deberán desarrollarse la fuerza cibernética de la ciudadanía, que ahora, y ante la crisis que se anuncia y perfila, deberá estar presente.
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@MarcoRascon








