Lo mejor del G20 fue… ¿la foto?
Cubículo EstratégicoCarlos Mota
Una cumbre con presidentes de más de veinte países en la que la conclusión más importante es que todos deben impulsar el “crecimiento”, es un símbolo inequívoco de lo disfuncional que se volvió la multilateralidad, ya que por un lado los países de viva voz impulsan la libertad de comercio, pero por otro lado toman medidas proteccionistas.
Ayer mientras amanecía en Los Cabos, los costos de financiar a España en el corto plazo se disparaban, y la tasa de interés del bono a 12 y 18 meses llegaba por arriba de 5.10 por ciento. Una locura.
Otros dos síntomas de la poca efectividad del G20 fueron, primero, la petición del presidente Calderón a sus colegas de estar “a la altura” de la problemática global (asumiendo que no lo han estado). Y segundo, la noticia de que el Fondo Monetario Internacional habrá de recibir más fondeo de sus socios, particularmente de los BRIC (ahora con México incluido), lo que refleja que lo único que se les ha ocurrido a los líderes globales es aumentar la dosis de la medicina, pero no refundar el sistema económico desde el origen.
México, no el mundo, es el ganón definitivo de esta cumbre. Nuestro país triunfó en varios frentes: fue incluido en el Acuerdo Transpacífico; logró ponerse en el foco de las economías emergentes que sí crecen y tienen estabilidad macroeconómica; se alistó para fortalecer al FMI y ganar peso en él; e insertó temas críticos al debate, como la inclusión financiera y la arquitectura del sistema financiero global.
Pero el mundo está a la deriva, y la cumbre sirvió de poco para aliviar al capitalismo global. ¿Otro síntoma? La prensa internacional destacaba ayer con más énfasis la compra de las farmacias británicas Boots por parte de la estadunidense Walgreens, y el lanzamiento de la nueva tableta Surface de Microsoft.
Ningún jefe de Estado dice cómo refundar el sistema económico, no porque no quiera, sino porque no existen los mecanismos de salida para dejar el sistema actual. Al que se salga, le va mal.
La gente se preguntará en unos días, cuando España haga a un lado su ego y pida rescate, para qué carajo se reunieron en Los Cabos todos los presidentes, si la crisis sigue ahí… y nadie tendrá una respuesta convincente.








