Dia 12: Los nietos de Geoffrey Hurst
Crónicas del EsteJosé Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo
El poder reconstituyente de la selección inglesa sirve entre otras cosas para que nadie le falte el respeto. Inglaterra puede haber vuelto al medioevo, jugar al balonazo, esperar un tiro de esquina o parecer el Nottingham Forest de los setenta, pero el futbol sigue dándole crédito. Lo merece porque al interior de su uniforme, cuando no hay futbolistas, hay patriotas. Le pasa un poco lo que a Italia, que ante el peor escenario posible se crece. La diferencia eso sí, son varias Eurocopas y Mundiales entre ambos. A Inglaterra contra Ucrania, le alcanzó con esa frase de la camiseta: se uniformó de triunfo. Ayer ganó con ella, con Rooney y con el comité de ancianos de la International Board, que desde 1966 en aquel gol de fantasma de Geoffrey Hurst, ya eran obsoletos. En esa época se quedó el Equipo de la Rosa, flemático, imperial y rancio. Sin embargo, esas necedades que para muchos son anacrónicas, para ellos significa orgullo. Un vetusto honor que el inglés entiende como futbolista o ciudadano. Inglaterra está en cuartos de final como primera de grupo, demasiada recompensa para un equipo que juega al futbol como hace 100 años, pero es igual de bravo que hace 800. La Eurocopa como cualquier torneo que se queda sin anfitrión, entra en una etapa melancólica, apenas tuvieron tiempo polacos y ucranianos de ganarse el cariño del televidente. Alcanzó para que homenajeáramos a Shevchenko, volviéramos a ver a Blokhin y confirmáramos a Lewandowski. Lejos de ellos sus selecciones fueron irreconocibles, se les recordará como organizadores y nada más. Lo que deja una mayor duda es la actitud de Francia, como a todo equipo talentoso le falla el carácter, la raza, eso que a Italia y Gran Bretaña nunca echan en falta.









