Peras al olmo
Doble o nadaFrancisco Garduño
Honestamente, en todos mis años, jamás había visto una campaña electoral tan jodida. Pensé por un momento que había límites para la tiradera de mierda, pero me equivoqué olímpicamente.
En los últimos días he tenido oportunidad de hablar con gente involucrada en el primer círculo de cada uno de los tres candidatos con posibilidades reales de competir por la Presidencia y me he encontrado con un punto común, que no solo me preocupa, también me genera una honda confusión.
Todos creen que la guerra sucia, plagada de andanadas de ataques virulentos y muchas veces sin sustento, es la esencia de la democracia; piensan que el hecho de que puedan entrometerse hasta en la vida privada de unos y otros de manera impune representa estar a la vanguardia en el camino de la modernidad.
Es evidente que hay una clara perversión en el término democracia, el cual se ha convertido en un concepto tan universal, que desafortunadamente ha caído en la vulgarización.
En el mundo político, la democracia es un monstruo de mil cabezas, se amolda a las necesidades de cada uno de los personajes que decidan asumirla como bandera.
En tiempos electorales la cosa se pone todavía más complicada, pues los personajes que compiten se sirven de ella (aunque sea solo de nombre) para respaldar todos y cada uno de sus posicionamientos.
Así que hay tantas democracias como aspirantes al poder se inscriban, pues todos aseguran que la suya es la verdadera lucha democrática y que sus competidores son enemigos de la libertad y abanderados de la corrupción.
Pero en este proceso de elección todos se han volado la barda y ante la falta de propuestas serias de todos y cada uno de los candidatos, han asumido el reto de acabar, destruir políticamente al contrincante, pero eso sí, en nombre de la democracia.
Han sido campañas terroríficas, indignas para una sociedad tan vapuleada y que con grandes esfuerzos busca encontrar la guía que le ayude a superar los numerosos obstáculos que, paradójicamente, le han puesto en el camino del desarrollo muchos de los ejemplares de esta fauna política.
Campañas que, desafortunadamente, se reflejan en muchos sectores de la misma sociedad que cada vez se polariza más en su afán por apoyar a quienes consideran que debe enarbolar el liderazgo nacional.
Nada mal esto, sin embargo la cosa se descompone cuando quien ejerce ese liderazgo asume que la única verdad es la suya, y eso no solo le pasa a uno, le ocurre a todos los candidatos.
Se olvidan estos señores de que, curiosamente, el principio básico de la democracia es el respeto a los otros integrantes de una sociedad, para generar un debate sano y productivo.
Pero aquí no tenemos nada de eso, ni propuestas ni debate ni ideas de desarrollo atractivas, pura mierda, que encierra a México en un círculo vicioso del que será imposible salir.
No se ve quién, de los que tacharemos en las boletas, puede asumir un rol de demócrata real, es la verdad, pues, tristemente, no se pueden pedir peras al olmo.








