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México es igual a El Salvador

Cartas oceánicasJosé Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

Los aficionados confundimos constantemente el Producto Interno Bruto con los rankings FIFA. Pero el futbol no mide condición económica ni densidad de población. De lo contrario Uruguay y Holanda no existirían, porque en conjunto tienen tres veces más habitantes que El Salvador, pero seis veces menos que México. Sin embargo, han ganado cien veces más que salvadoreños, mexicanos, hondureños y costarricenses juntos. Sin demagogia, a favor o en contra, si México va al Mundial que lo acompañe El Salvador o que vaya El Salvador en nuestro lugar. En qué momento hemos visto una rivalidad auténtica fuera de la serenata, el Cuscatlán o la favorable altura del Azteca. Concacaf a pesar de Hugo, el Mágico González o Gilberto Yearwood, sigue siendo una zona con poco para presumir. La condición geográfica obliga a la social a buscar comparaciones o sentirse grande y poderoso; pequeño, débil, o pobre, pero heroico. Esas sensaciones de superioridad o inferioridad contaminan el sentido de nación aquí y en China. Si en algo deberíamos estar de acuerdo en esta parte de la Tierra no es en la promiscua necesidad de buscar un vecino a quien derrotar, sino en promover una cultura deportiva común en una zona donde abunda el talento y la lucha, pero sobra la corrupción y la opresión. No nos hagamos pendejos. Mexicanos y salvadoreños al igual que su futbol, simpático reflejo de sus males generales, tenemos mucho más cosas en común que diferencias. Somos países mal administrados, engañados y prometedores. El Mundial con todos sus papeleos internacionales convence a los países medianos de ser grandes, a los grandes gigantes, y a los históricos de ser eternos; el negocio está en que a los más jodidos, nos vende la idea de ser mejores.