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Un debate que no cambiará nada

InterludioRomán Revueltas Retes

La suerte está echada. No me digan ustedes que, a 15 días de que termine la campaña electoral propiamente dicha, los ciudadanos van a cambiar sus intenciones de voto, cualesquiera que éstas sean, porque Josefina haya podido tener un desempeño vagamente brillante en una confrontación televisiva (siendo que la brillantez no se la hemos visto a lo largo de meses enteros); y no me digan tampoco que Peña se va a desplomar estrepitosamente porque haya podido escenificar un fugaz episodio desafortunado (siendo que los tropezones que ha tenido en otros momentos no le han prácticamente mermado los apoyos que le brinda el respetable); y no me digan, finalmente, que Obrador va a salir reinventado, renovado, reconstruido, renacido y resucitado luego de representar el mismo numerito de siempre, el que ya le conocemos y el único que se sabe de memoria (siendo que ya se quitó, de una buena vez, el disfraz de ovejita que se había mandado a hacer para proclamar el advenimiento de una “república amorosa” tan improbable como inverosímil).

Pero, en fin, el ejercicio es saludable y, por una vez (o, mejor dicho, por segunda ocasión), los aspirantes habrán estado ahí, bajo la luz de los reflectores, obligados a responder a las primeras de cambio, a afrontar adversidades poco frecuentes en su privilegiada condición de tribunos de escenarios hechos a modo y a mantener el tipo —o sea, no tartamudear, no recitar cifras con voz temblorosa, no parecer dubitativos y, en general, desempeñarse como actores de primera línea— durante esos momentos, interminables, en que las cámaras de la televisión registran hasta el menor gesto y en que los espectadores escudriñan meticulosamente las posturitas de unos aspirantes a los que, lo repito, ya han calificado de antemano. Personajes a los que, encima, juzgarán con la inevitable subjetividad que se deriva de unas preferencias previamente establecidas. Y esto lo escribo el domingo por la tarde, lectores, sin que el tal debate haya ocurrido todavía. Pues eso.