#YoSoy132: tareas académicas
Ramón Cota Meza
El movimiento #YoSoy132 empieza a definir su programa. Como la duración de los movimientos de su tipo suele ser breve, es bueno bosquejar horizontes. Digo “horizontes” porque, en sentido amplio, el movimiento solo es la erupción más reciente de un movimiento global ramificado en muchas comunidades y direcciones, las cuales se van multiplicando en el proceso, cada una originando su propia trayectoria e intereses. En este plano, el horizonte se va definiendo sobre la marcha; un programa sería innecesario y hasta absurdo.
El movimiento global es muy amplio —incluye desde estudiantes y graduados hasta artesanos y oficiantes varios de entre 20 y 45 años— y perfila una revolución cultural digital y social, de la que #YoSoy132 es nuevo miembro. Este proceso ya está en marcha y continuará por su propia dinámica después de que la inconformidad global y la de #YoSoy132 se enfríen.
En este hervidero de iniciativas, inquietudes y ambiciones es fácil perder la perspectiva política. Por eso será bueno que el movimiento distinga el corto y el largo plazos. En el corto plazo, la cuestión es calcular su propia duración como evento político de coyuntura electoral. La primera semana de julio sería un deadline acorde con la demanda original de impedir la “imposición” de un presidente por Televisa. Una vez que se conozca el resultado, el movimiento puede hacer pausa para redefinir objetivos. Gane quien gane, el mundo seguirá su curso.
Ahora bien, la denuncia contra la “imposición de un presidente” es una ocurrencia muy arbitraria, hay que subrayarlo. Televisa mostró que ha dado más cobertura a AMLO que a Peña Nieto desde 2005 (“Tercer Grado”, miércoles pasado). AMLO se evadió, desdeñando la información con la que dice tener y arrasó de paso con las firmas encuestadoras. He aquí una tarea para #YoSoy132: definir con método científico si las encuestas están “copeteadas”, como dice AMLO, y asumir las consecuencias. Responder con espíritu científico a eventos de este tipo es una tarea del corto plazo político.
Atribuir un poder tan grande a la televisión (“imponer un presidente”) descansa en supuestos que merecen revisión crítica. La teoría original de este tipo de conjeturas (escuela de Frankfurt) tuvo gran influencia en los setenta pero salió de circulación hace unos treinta años. Muchos análisis empíricos demuestran que la atribución de un gran poder manipulador a la televisión es insostenible. Entre comunicólogos serios hay consenso de que las audiencias decodifican los mensajes y discriminan lo aceptable y lo no aceptable.
La idea de que hay un propósito de “imponer un presidente” debe contrastarse con la información aportada por Carlos Tello Díaz en “La senda del rock-star” (Nexos, junio) y “EPN, AMLO y Televisa” (Milenio, 07/12). Tello relata el cruce de caminos de la carrera política de Peña Nieto y la estrategia de la empresa para obtener ingresos de la democracia. Pero de su relato no se deduce la existencia de una confabulación para imponer a Peña Nieto.
Otra tarea es verificar la lógica de algunos asertos de AMLO, como afirmar que su alegada honestidad permearía la pirámide burocrática hacia abajo. ¿Cómo es, según esta lógica, que la ausencia de signos de corrupción del presidente Calderón no haya permeado la pirámide burocrática para frenar la corrupción que, según AMLO, ha destruido las instituciones? Al presumir y reiterar hasta la sospecha su inmaculada honestidad, AMLO es arbitrario y pisotea la lógica de su propio razonamiento. Intelectualmente honesto no es, eso está claro.
Tampoco es cierta la “destrucción completa del país”. Lo que hay es un combate entre fuerzas corruptas (dentro y fuera del gobierno) y funcionarios públicos más o menos responsables, dicho sea sin meter las manos al fuego por ninguno. Negar que hay una lucha encabezada por el presidente Calderón contra la corrupción sería deshonesto. Las denuncias de “La guerra de Calderón” y “Los muertos de Calderón” debilitan las acciones contra el crimen organizado. En cuanto a corrupción de otro tipo, AMLO debería denunciar casos concretos.
Un tema más abstracto pero más interesante del pliego #YoSoy132 es el repudio al neoliberalismo. Bien, siempre que se delimite aquello que se repudia, mejor si se alcanza una idea alternativa, por general que sea. Esta tarea ha sido emprendida por economistas y filósofos de varios países, pero las ideas neoliberales siguen causando estragos. Las universidades mismas han sufrido el embate neoliberal en su propio currículum de enseñanza, que se ha empobrecido. Se agradecería un sitio internet para estas discusiones.
Una nueva visión que capture la imaginación global no ha surgido, pero el derrumbe del neoliberalismo plantea preguntas que podrían abonar el terreno: ¿Qué es el neoliberalismo? ¿Cómo surgió y llegó a ser paradigma global? ¿En qué se distingue del liberalismo clásico? ¿Neoliberalismo y globalización son lo mismo? ¿Cuáles son sus traslapes? ¿Qué características deberían tener uno o varios modelos alternativos? Las preguntas suenan académicas, pero entre universitarios no están fuera de lugar.
Insistir en la honestidad intelectual en un ambiente enconado puede parecer ingenuo, pero es lo mínimo esperable de un movimiento estudiantil. La pasión política nos puede cegar, pero a los jóvenes les resulta más difícil correr el velo porque tienden a dejarse arrastrar por la impaciencia. Esperemos que #YoSoy132 no sea obnubilado por su propia pasión. Aceptar la evidencia de los hechos es un valor intelectual.
Twitter: @cota_meza








