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Conflicto preelectoral

Juan Gabriel Valencia

Quién lo iba a decir. Por las mismas razones, y con dos lógicas a futuro enfrentadas, los dos políticos más convencidos de que Enrique Peña Nieto ganará la elección el 1 de julio son Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador.

Sus razones son las mismas: la lectura de las más recientes encuestas (las serias, desde luego), incluido el seguimiento diario de MILENIO-GEA/ISA. Todas las otras están en rango. Las serias, insisto. Consulta Mitofsky, Parametría, Buendía & Laredo, BGC.

Si la elección fuera hoy —y ya sé, no es hoy—, la diferencia en votos entre Enrique Peña y López Obrador sería aproximadamente de 8 millones, que a eso equivalen los 18 puntos con que aventaja EPN al Movimiento Progresista.

Supongamos que el próximo domingo el candidato del PRI-PVEM no sale en su mejor noche y pierde puntos. ¿Dos, tres puntos menos? Solo con un resbalón mayúsculo o un ataque devastador e irrefutable. Lo más probable es que siga bajando a partir del domingo en el que restarán 17 días de campaña. ¿Cuánto más? Suponiendo una baja resultante del debate. ¿Le restará puntos a EPN no asistir al debate convocado por el #YoSoy132? Es posible, pero no es seguro. ¿Cuánto le puede significar el no ir a la fiestecita de López Obrador con su confundida comparsa azul? ¿Dos, tres puntos más? Supongamos que esas pérdidas se dan y que todas se trasladan en bloque a López Obrador, 2 millones 700 mil votos en números redondos. De 8 millones de diferencia, EPN pasa a 5 millones 300 mil y quedarían ya no 17 días, sino diez, ya que el debate de los medio indignados es el 19.

¿Qué más puede afectar los números de Peña Nieto? ¿Dos puntos de indecisos que de repente se deciden por el apostolado de López Obrador? Sea pues. Y ya vamos en cuatro 400. ¿Dos puntos más de panistas duros que pensaron que Vázquez Mota era tonta, pero no tanto? Estamos en 3 millones y medio de diferencias con preferencias de manera creciente muy definidas.

Por eso Fox y AMLO leyeron correctamente las encuestas. Es cierto que los márgenes políticos de EPN con 3 y medio millones de votos de diferencia se estrechan en contraste con los 8 que aventaja hoy, pero no arroja sombra alguna de duda sobre la legalidad y legitimidad del proceso.

Por eso la reacción de Vicente Fox, en la que discrepó con muchos de sus críticos. Al ex presidente se le puede acusar de casi todo, pero ganó en 2000 y desgobernó el país con altísimo grado de aceptación sabiendo leer encuestas. No hay traición ni inconsistencia en Vicente Fox. Desde 2002-2003 se había propuesto un solo objetivo, y ese era que López Obrador no llegara a la Presidencia de la República, con buenas o malas razones. Ese no es el punto. Por eso, el proceso de desafuero que el propio Fox no concluyó por miedo. Por eso, el discurso sostenido del presidente durante la campaña respecto de la continuidad, a pesar de que Calderón no había sido su candidato. Fue tan leal a Calderón como Josefina Vázquez Mota le fue tan desleal a él al irse a la campaña de Felipe. No hay traición ni inconsistencias. Fox es fiel a sí mismo y a su partido. Por eso su doble recomendación. Sumarse al puntero y que Josefina por el bien de un PAN desvencijado trate de conservar un segundo lugar, cosa que ya no logró.

López Obrador leyó las mismas encuestas que Fox y las entendió igual. Peña Nieto ganará el 1 de julio. AMLO sabe que no puede reeditar el poselectoral de 2006. Por eso lo va a intentar antes. De ahí la encuesta de Reforma, para cinco días después declararse puntero al mismo tiempo que anticipa la debilidad del IFE y el riesgo de un fraude electoral. Se justifica así la movilización preelectoral y durante la jornada.

Las palabras escrúpulos y responsabilidad no existen en el vocabulario de López Obrador y de su círculo íntimo, el de los ex priistas del siglo pasado que tanto se empeña en exorcizar Vázquez Mota, pero que como buena advenediza no sabe de historias ni de trayectorias, como son Bartlett, Monreal, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, Mario López Valdés, Ángel Heladio Aguirre y antes que todos ellos, el mismo López Obrador.

Se aproximan días difíciles para el proceso electoral y habrá dos personajes cruciales en el manejo de la turbulencia: Felipe Calderón y Marcelo Ebrard. Vamos a ver de qué están hechos.