Estudiantes: desaliño intelectual
Ramón Cota Meza
Muy estimulante ha resultado la irrupción de los estudiantes en la vida pública del país. Se les observa con expectación, esperando que concreten sus demandas, no vayan a sentirse en la cima y creer que el mundo empieza con ellos. Muchos movimientos similares han ocurrido en México y el mundo, así que hay sabiduría acumulada sobre sus límites y posibilidades, sin ignorar el novedoso ingrediente de las redes sociales y su efecto en la competencia electoral.
Pero la narrativa del movimiento es problemática. Su gran inconsistencia es impugnar la “manipulación mediática” de la política, sin percatarse de que sus propias demandas ha sido mediáticamente comunicadas y clasificadas, que enlazan acontecimientos de fuerte perfil mediático (Atenco, ABC, Cananea…), cuyo conjunto no describe la situación real de esos casos ni del país ahora. Su mayor desmesura es pretender crear una organización vigilante de la “limpieza” electoral y haga un “conteo paralelo”.
Esta ocurrencia es producto de impresiones mediáticas de la elección de 2006 (la toma de Paseo de la Reforma), no del análisis crítico. Conociendo los hechos, la ley, la organización electoral y haber sido representante ciudadano de casilla, concluyo que la idea de crear una organización paralela es redundante y podría ocasionar problemas. La idea misma es una ofensa a la ciudadanía sorteada/voluntaria que se constituye en autoridad única de la elección ese día. Si los “Yo soy 132” quieren presenciar la votación, adelante, pero no para “vigilar” a los ciudadanos, sino para aprender cómo se conduce una jornada electoral. Tarea: leer el capítulo respectivo de la ley electoral y el manual del IFE.
Veamos otro hito de la narrativa del movimiento, la desgracia de la guardería ABC, que, como es público, quedó restituida, si es posible restituir una pérdida irreparable, por una ley y un programa de guarderías satisfactorios para los propios deudos. ¿Por qué el movimiento estudiantil revive el drama? Porque su fuerza mediática encaja en su simple imaginario, no porque explique el sistema de guarderías y su evolución en curso. Enarbolar ABC ahora es entrar en una nueva fase del problema, más técnica y menos justiciera.
Otro símbolo del movimiento, el largo y penoso caso de los mineros de Cananea, ha dado un giro con la exculpación e inminente regreso del líder Napoleón Gómez Urrutia. El asunto merece análisis separado, pero viene al caso advertir que la situación política de los mineros de Cananea y México ha empezado a cambiar a su favor en las últimas semanas. Es cierto que las imágenes de Cananea siempre han sido muy mediáticas y reviven un pasado heroico, pero el panorama sindical está evolucionando rápido. Es probable que esta victoria tenga efectos en el sindicalismo del país en general.
En cuanto al conflicto de Atenco, reprimido con saña por la policía de Peña Nieto, ilusamente creí que había sido aceptado y olvidado como exceso por ambas partes, mucho más abuso del lado policial. Celebro que los comuneros hayan hecho valer sus derechos agrarios, pero exageraron la ferocidad de su retórica y cometieron al menos una agresión artera contra un oficial inconsciente. Esta acción fue la gota que derramó el vaso de la violencia policiaca. Atenco es una herida a sanar por la buena voluntad de las partes.
Los casos anteriores bastan para sugerir que los reclamos del movimiento estudiantil contra la manipulación mediática están informados por acontecimientos dramáticos magnificados por los media, no fundados en el análisis crítico que se espera de universitarios. Será bueno conocer más análisis de esta paradoja, indagar si encierra una primavera, como se vocea, o solo es un acontecimiento novedoso de la esfera mediática, cuyo rumbo ignoramos.
Refutación de mi crítica: “Si el movimiento se nutre de imágenes mediáticas ¿por qué repudia al producto mediático por excelencia que es Peña Nieto?” Bueno, no se nutre de todas las imágenes, sino de una selección de ellas, según criterios y valores. Peña Nieto y la tv tienen parte de responsabilidad en este “hartazgo de imagen”. Pero eso no es confabulación. Por otro lado, la imagen de Peña Nieto ostentándose juvenil resultó “retro” de verdad para muchos jóvenes. Dicho lo anterior, no creo que el regreso del PRI a Los Pinos sería catastrófico.
No soy partidario de Peña Nieto, pero su repudio como producto de una imposición de la tv me avergonzó un poco. Cuando escribí, entre varios otros, hace meses, que el susodicho era producto de la tv, no dije que era una creación ex profeso, ni que había una confabulación de “poderes fácticos” para imponerlo. Si contribuí a esa idea, seré más cauto. No hablé de Televisa como “soldado del PRI”, sino de “confluencia” entre la imagen que Peña Nieto desea transmitir y la búsqueda de nuevas audiencias por Televisa. Esta confluencia se tornó inestable por la impugnación estudiantil, pero tiene su propia lógica.
He sostenido que Peña Nieto representa al viejo PRI, sin dejar de ver al partido como organización viva de fuerzas diversas, unas más despiertas, más experimentadas o más corruptas o interesadas que otras, no un monolito autoritario y corrupto. La percepción del PRI como representante del orden a superar es un mito creado por la transición democrática: había que tener la seguridad de que México estaba dejando algo atrás, y ese algo era el PRI.
Twitter: @cota_meza








