¿Rollo en cadena nacional?
Carta de Esmógico CityJosé de la Colina
Los debates acerca de las elecciones del futuro gobierno de la República o el del Distrito Federal no le parecen al cronista tales debates, sino ritos en que los candidatos, alternándose en un tieso orden de réplica y contrarréplica, emiten sus prefabricados rollos en un remedo de concurso de oratoria a cuatro alternadas bocas y pobremente amenizados por algunos ataques de un “contendiente” a otro, y viceversa, para que se vea que no se es palero de nadie (pero resultan mutuamente paleros).
El resultado es que el cronista, sabiendo que la palabra, como una droga, también tiene efectos narcóticos, se sorprende ante el televisor en riesgo de sucumbir a un ataque de narcolepsia, y empieza a sospechar que quizá ése es precisamente el propósito del “debate”: adormecer al “público”, de modo que cada candidato pueda obtener una mayor cantidad de sonámbulos a su favor.
El cronista, ya asustado por sospechar que el día de las votaciones habrá en toda la ciudad interminables colas de durmientes en pie ante las casillas de la “electoralidad” (eso que quiere parecerse a la democracia), tiembla al enterarse de que los del movimiento “Yo soy 132” quieren debates televisados en cadena nacional. Es decir: quieren que se imponga el mismo rollo en todos los canales.
Y el cronista, a quien ya lo agobian por el celular y por Internet los “mensajes” de cualesquiera de los partidos, que intentan enrollarlo arrullándolo con rollescas frases de los candidatos, grita la frase histórica: “¡Abajo las cadenas!”, se levanta del sofá, apaga el televisor (ese rollero aparato audiovisual), aprecia el silencio nocturno y siente una punzada nostálgica. Es que ha recordado una reflexión de Buñuel que sólo los tontos considerarían reaccionaria. Palabras más o menos, decía don Luis:
“En el mundo hay un exceso de comunicación. A todas horas nos comunican noticias grandes o triviales, pregones comerciales y políticos y hasta religiosos y espirituales. Todos hacen ruido para venderte cosas, para afiliarte a algo o para abrirte su precioso corazón. Y así cada vez más nos despojan del derecho al silencio y la intimidad.”








