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Fugaz metaficción

Lo bello y lo tristeJulieta Lomelí Balver

El mito cuenta que tras las amenazas de Van Gogh, con la navaja de afeitar, Gauguin decide dejar al desquiciado artista holandés.

El cielo encarnizado, cercano el crepúsculo a punto de disiparse en el horizonte aquel hombre que dejaría ver su ocaso. Eran tiempos menguados por la angustia, que hasta la noche estrellada figuraba más taciturna de lo acostumbrado.

Debajo de aquel andén que daba a la escalera retorcida por el paso de las botas pesadas, se encontraba Él en un sillón leyendo prosa melancólica, poesía y retórica; había pasado la mayor parte de su vida dedicado a la sensualidad metafísica que sólo otorga el estadio estético. Añejado por el tiempo había encontrado en los libros y la pintura la manera de subsistir en este horrendo mundo infringido por la frivolidad humana, que señalaba la decadencia mental del genio.

La locura empezaría en 1887, pronto uno de sus amigos, de aquellos artistas de la época que acostumbraban pintar con luz de día, se enfrentaría a la inicial demencia de nuestro maniaco expresionista.

Las hojas caían de los árboles en Arlés. Entraba el otoño a la pequeña provincia francesa casi al mismo tiempo que Paul Gauguin entraba a la morada del frenético Vincent Van Gogh. Ambos artistas pintaban juntos largas horas a la par de compartir los excesos placenteros del alcohol y las mujeres, siendo visitantes recurrentes de burdeles.

Pero Vincent era quien la pasaba peor, siendo monetariamente dependiente de su compasivo hermano Théo, franqueaba sus días fuera de aquel pequeño cuarto rentado, prefiriendo las terrazas y la cafeína al alimento; mientras que por las noches tenía episodios de sonambulismo y alucinaciones.

Vincent se comportaba cada día de modo más extravagante, varias escenas violentas daban cabida entre él y su amigo Gauguin. Tras una última pelea en alguna terraza de Arlés Gauguin intentaba huir de Van Gogh mientras que éste amenazándolo con una navaja de afeitar implícitamente rogaba que no lo abandonase.

Una de las leyendas más conocidas es aquella del incidente de la oreja.

El mito cuenta que tras las amenazas de Van Gogh, con la navaja de afeitar, Gauguin decide dejar al desquiciado artista holandés de una vez por todas, así que toma sus cosas en víspera de navidad, para hospedarse en un hotel de Arlés con la pretensión de a la mañana siguiente emprender su viaje hacia Bretaña. Sólo bastaría un día de soledad para que Vincent manifestara al mundo su locura al proceder a la incisión de su oreja, para esa misma noche ir a ofrecerlo a modo de regalo navideño a una prostituta conocida como Gabi, misma que noches antes “amaba” y jugueteaba con su ahora mutilado miembro.

Después de ofrecer tan original presente, el genio holandés volvía a su cama para dormir apaciblemente. Al otro día Gauguin retornaba a la morada del “loco” artista a despedirse y al verlo en tal grave estado decidiría dejarlo en manos de la policía. Aterrorizado se iría por siempre de Vincent, con quien jamás volvería a cruzar palabra. De tal modo Van Gogh sería internado un par de semanas, a inicios de enero de 1789 sería dado de alta. El pintor regresaba a aquel cuarto de penuria, confeccionando los dos famosísimo cuadros autobiográficos donde aparece con la oreja vendada.

La locura del genio holandés apenas comenzaba, teniendo recurrentes ataques de deliro en los cuales, por ejemplo imagina que lo están envenenando. Espantado, escribe a su hermano Théo previniéndole de su decadente situación mental.

El desdichado Vincent pronto es expulsado de su hogar, ya que los pobladores de la pequeña provincia francesa se encontraban aterrorizados por su estrafalario comportamiento exigiendo se fuera cuanto antes a un sanatorio mental. Vincent es hospitalizado dentro de Arlés un tiempo muy breve debido a sus intentos de comerse el aguarrás y los colores que usaba para sus obras.

Después de Arles viviría unas semanas con su hermano Théo en Paris, y mudarse a una nueva pensión en Auvers-sur-Oise, lugar donde sería adoptado por un doctor que afortunadamente era amante del arte. De tal modo Paul Gachet, de quien el holandés haría una famosa pintura autobiográfica, cuidaría del artista durante su estancia. Pero los impulsos maniacos atacan nuevamente a Vincent y éste amenaza con un revolver a aquel doctor que tanto lo había apoyado.

Era julio de 1890, Théo escribe a Vincent advirtiéndole que se ha casado y ha engendrado un hijo enfermo de quien debe cuidar (éste pronto morirá), por lo que le resulta imposible seguir manteniendo sus caprichos artísticos. Vang Gogh sintiéndose una carga para su hermano e incapaz de seguir cuidando de sí mismo saldría a su acostumbrada tertulia solipsista que daba por los jardines cercanos, pero aquélla sería una caminata de la cual regresaría en gravísimo estado.

El 27 de julio de 1890, el genio holandés se pega un tiro en el corazón, sin embargo, no fue suficiente para matarse de manera fulminante, ya que la bala se alojaría en su tórax dejándolo semivivo. Después del intento de suicidio Vincent todavía logra caminar unos pasos hacia la pensión donde habitaba, es atendido de modo inmediato por Gachet quien da aviso al hermano Théo de la insolucionable salud del artista.

Théo conmocionado por el delirio de su hermano corre a visitarlo para ver aquellos ojos claros con vida por última vez. Tras preguntar la causa de su acción suicida, Vincent contesta “es asunto mío, es lo mejor para todos”.

La noche estrellada ve morir su mejor astro el 29 de Julio de 1890.