"¡Manceramesta!"
Política ceroJairo Calixto Albarrán
Digan lo que digan, en el debate por la Ciudad de México lo que faltó fue la edecán. Aunque trataron de amenizar los bonitos discursos de los candidatos con postales de nuestra Chilangolandia idílica, siempre echamos de menos ese momento pícaro-cachondo que pudiera matar el asexuado panel de suspirantes que juntos podrían producir una obra que se llame Matapasiones.
Lógicamente las gentiles damiselas se fueron por el puntero. Le arrojaron toda la mierda posible y hasta algunas verdades que se fueron diluyendo en el teflón de que está hecho Mancera. Un material que gracias al terror que genera entre los chilangos que llegue al poder cualquier partido político que no sea el PRD (podrán estar embarrados en asuntos de corrupción, incompetencia y abuso como coincidieron todas las señoras, pero, además de mantener libertades impensables en territorios tricolores-blanquiazulinos, han mantenido al DF fuera de hiperviolencias de película de los hermanos Almada, lo cual no es poca cosa), solo podría ser arañado como le ha ocurrido a Peña Nieto con las movilizaciones en su contra que, curiosamente, también le han caído a Chepina, que carece de encanto pedagógico.
Y es que para fortuna del representante de las izquierdas, ya tiene canas, así que cuando le tomen sus big close ups no se verá triste, ojeroso, cansado y sin ilusiones como el Dorian Gel que, luego haber sido echado de su mundo de caramelo por el movimiento #YoSoy132, empieza a verse como su propio abuelito. Pobre Adriana Pérez Cañedo, la conductora del debate entre los candidatos por el DF, que por más que intentaba sonreír como Lupita, ponía cara del presidente del PRI cuando apañaron a Yarrington cada vez que tenía que repartir tiempos y turnos. No se sabía qué la aterrorizaba más: que la Mátrix Paredes pareciera hablar de un lugar, de un gran país que no era México; Rosario Guerra y su peluquín del terror, que tenía como único interés, por orden de la Maestra, convertir a la Paredes en una de esas oscuras golondrinas a las que les da por retornar; la señora Wallace, extraviada en esos ultraconservadores discursos panistas, bueno, hasta se apropió del “amigos y amigas” de Calderón mientras proponía al estadio Azteca como manifestódromo y hacer de Xochimilco la siempre cursi Venecia mexicana; y las señas de couch beisbolero de Mancera que, a pesar de haber propuesto vialidades muy neoyorquinas con power point de rechupete, no perdió su peinadito de Tintín.
¡Manceramesta!








