Museos y el sistema postfordista
InvitadoMariela Arrazola
El pasado 18 de mayo se llevó a cabo el 35º Día Internacional de los Museo y el tema de este año fue El Papel de Museos en Mundo Cambiante.
En este tenor el ICOM (Consejo Internacional de los Museos) estableció 5 ejes temáticos: 1) el papel de los museos en una nueva sociedad, 2) desarrollo sostenible, 3) utilizar el pasado para construir el futuro, 4) nuevos medios y 5) innovación. La Dirección de Museos del Estado tuvo a bien convocar a los directores de museos para debatir estos temas y quisiera compartir mi opinión sobre un tema que me parece relevante toda vez que impacta directamente a los museos: el cambio en el sistema económico de producción.
Hoy día somos testigos de una serie de cambios en diversos ámbitos de la vida y, estas transformaciones, están relacionadas con el tránsito del fordismo al régimen de acumulación flexible o posfordismo. Los teóricos señalan que desde 1970, se aprecian cambios en las normas, hábitos y actitudes políticas y culturales y esto es entendible toda vez que no se pueden separar los métodos de trabajo del modo de vivir, pensar y sentir la vida.
El posfordismo implica una nueva manera de existir y se caracteriza, entre otras cosas, por la mercantilización de la cultura.
A partir del texto de Harvey, se puede identificar una serie de situaciones clave para caracterizar el régimen de acumulación flexible.
Me remitiré únicamente a las que están más relacionadas con el arte y la cultura: 1) la producción orientada a la ganancia se convierte en un principio organizador de la vida y esto afecta también la producción artística. 2)La celebración de la diferencia, de lo efímero, del espectáculo, la moda y la mercantilización de las formas culturales. 3) La lucha por el control sobre los flujos de información y sobre vehículos de propagación del gusto y la cultura popular. 4) El patrocinio corporativo de las artes y 5) la iniciativa empresaria no sólo se da en las operaciones empresariales, sino que también se aplica en ámbitos de la vida muy diversos entre ellos la actividad artística y literaria.
Partiendo de este diagnóstico, ¿qué le depara a los museos? Los museos no pueden cambiar el sistema económico, no pueden evitar que las grandes corporaciones luchen por imponer el gusto en particular por una tendencia o artista, ni pueden evitar que los artistas se conviertan en empresarios. Ni mucho menos pueden evitar que en las subastas se determine la valoración económica de las obras de arte con fines especulativos y otros.
No obstante los museos están obligados a poner orden. Se debe entender al museo como una institución que como cualquier otra está formada por personas y los profesionistas de los museos hoy más que nunca deben apostar por una autorregulación ética y ésta implica un mayor compromiso con la profesión.Dicha autorregulación apuesta a un ideal más grande. El arte es una práctica, y como toda práctica humana es imperfecta, pero lo que la sostiene es un ideal que apunta a una concepción que dignifica al ser humano y que no deberíamos olvidar. Los museos deben ser cuidadosos con los objetos que adquieren, con lo que albergan, con lo que deciden incluir. Deben tener en cuenta toda la serie de intereses que hay detrás del hecho de exhibir la obra de alguien.
Para ejemplo, basta y sobran los casos en que coleccionistas y galeristas han utilizado sus influencias para insertar artistas contemporáneos en museos con el fin de aumentar el valor artístico y económico de sus obras: Charles Saatchi, François Pinault, entre otros, han movido sus influencias para insertar en museos de prestigio a los aristas que compran: Damien Hirts y Jeff Koons son los casos más sonados. En la próxima entrega, hablaremos de por qué no es coincidencia que el Tate Modern esté exhibiendo hoy día la obra de Hirst.
* Directora del Museo Tec de Monterrey.








