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Lo que se ha de pelar que se vaya remojando

PeriscopioJuvenal González González

Como le iba diciendo la semana pasada, la temperatura de la campaña presidencial subió intempestivamente y sigue aumentando. La discusión acerca de los recursos públicos destinados a publicidad política y gubernamental, se amplió significativamente, ocupando mayores espacios en los medios tradicionales y en las “redes sociales”.

A la indignación provocada por la discrecionalidad y opacidad con que se dilapidan cuantiosos recursos que solo benefician a las élites políticas y, por supuesto, a las grandes empresas mediáticas, sobradamente al duopolio televisivo, se sumó la exigencia de mayor objetividad y equidad en la información que transmiten.

En esas andábamos cuando ocurrió la visita de Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana en el DF, para participar en el foro “Buen ciudadano Ibero”. Días antes le había tocado su turno a López Obrador quien, sorpresivamente para muchos, tuvo una masiva y calurosa convivencia. Su espectacular éxito dejó la vara muy alta al candidato tricolor. Pocos esperaban que la superara, pero nadie supuso que le iba a ir tan mal.

Como suele ocurrir en estos casos, los partidarios del invitado ocuparon desde muy temprano la parte baja del auditorio y eso, además de calentar los ánimos, dejó fuera a muchos de los opositores, que se encargaron de darle la “bienvenida” con gritos y susurros, luego amplificados con la acústica del auditorio.

La comparecencia transcurrió entre incesantes abucheos y la enjundia de plano se salió de control cuando se trató el asunto de Atenco. El candidato favorito de las encuestas tuvo que salir por la puerta trasera y suspender el resto del programa, una entrevista en Radio Ibero.

Tal vez, pero solo tal vez, la cosa no hubiera pasado a mayores si EPN y su equipo se hubieran quedado calladitos hasta diseñar una estrategia de control de daños y si los medios se hubieran dedicado a su tarea de informar. Pero hete aquí que los primeros trataron de deslegitimar la protesta, afirmando que no era representativa de la comunidad universitaria y, peor aún, pusieron en duda la pertenencia de los protestantes a la propia comunidad.

Los medios por su parte, unos se callaron y archivaron la nota; otros tergiversaron los hechos y hasta inventaron un supuesto éxito de EPN; y, los menos, informaron lo que realmente ocurrió.

La indignación de los estudiantes iberos se plasmó en un video en el que exhibieron sus credenciales y, al pase, a sus detractores. El video viajó raudo y veloz por la red, generando simpatías y solidaridad del respetable, sobre todo del sector estudiantil. A sus ojos se confirmaba la alianza Televisa-EPN, los riesgos que implica la restauración del viejo régimen y el nefasto papel de los medios en contra del cambio y la ética informativa. “Democratizar los medios informativos” se convirtió en la consigna.

Y tomaron las calles. La iniciativa de los chicos de la Ibero sacó a miles de estudiantes a las calles del DF, Puebla, Guadalajara, Tijuana, Culiacán, Morelia, Pachuca, Oaxaca, Cancún, Tuxtla y otras más. Pero también de Barcelona, Paris, Roma, Madrid, Berlín, Tokio, Buenos Aires y Río de Janeiro, entre otras. Las denuncias se focalizan en contra de Televisa, del PRI y de su candidato.

Tales expresiones de combatividad y gusto por marchar del brazo y por la calle a estudiantes de universidades públicas y privadas, han sorprendido porque que la mayoría de estos muchachos nunca se había manifestado por motivaciones políticas, se les tenía como una generación aplatanada; clavados en la compu, con celular en la mano y audífonos en las orejas. Lejos del mundanal ruido.

Falso que con sus ideas y acciones promuevan el odio. Expresan desprecio y rechazo a un modelo de país que los ha excluido y amenaza con dejarlos sin esperanzas ni futuro. El odio lo promueven quienes maltratan a “la plebe”, quienes exhiben sus riquezas mal habidas (como la hija del líder petrolero presumiendo a sus perros viajando entre almohadones en su jet particular), quienes manipulan y mienten.

Peña Nieto reaccionó rápido, tratando de no ser arrastrado por una ola que amenaza con convertirse en tsunami. Ha publicado su “Manifiesto por una presidencia democrática” con el propósito de responder a las inquietudes estudiantiles y de los indecisos que van a definir la elección.

Pero el decálogo tiene puntos irrelevantes porque se trata de obligaciones constitucionales, que no de gentiles concesiones. Y otra parte es una confesión. Reconoce, por ejemplo, que actualmente no hay control en “la contratación de publicidad de todos los niveles de gobierno”. También acepta que “Sólo un país bien informado garantiza una cultura democrática”. Entonces ¿por qué no empezar desde ahora en la campaña? digo, lo que se ha de pelar que se vaya remojando.

Cheiser: Fiel a su pésima y delincuencial costumbre, Calderón ya condenó públicamente a los altos jefes militares arraigados por la PGR, cuando ni siquiera han sido acusados legalmente de nada. Por su bien y el de su jefe, más vale que no sea otro churro de García Luna. Si todo lo que tienen es la inmaculada palabra de “Jennifer” y la “Barbie”, ya valieron. Y ésta no les saldrá de grapa, Ángeles no es Cassez.