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Algo nuevo ha surgido

Pablo Gómez

Las protestas contra Peña Nieto —en realidad actos de repudio— son algo nuevo en la lucha política. Quienes se limitan a realizar un cálculo cuantitativo —¿cuántos son en realidad?, se preguntan a sí mismos— no hacen más que confesar su completa pereza para intentar el análisis político.

Existe un movimiento juvenil nuevo en sus formas de expresión y en su manera de actuar. Hay una profunda preocupación por el futuro inmediato del país y existe un temor fundado al sistema priista de gobierno.

Los jóvenes del repudio no asumen una denuncia demasiado general, sino que concentran su acción en la tarea de impedir que Peña Nieto sea presidente. Pero eso no implica que ellos carezcan de ideario político, sino justamente lo contrario: es la democracia, la reforma social, el progreso educativo y cultural lo que han puesto en el centro de su planteamiento. No se trata de algo puramente personal carente de sentido preciso, sino de una búsqueda de otra respuesta a la evidente crisis del gobierno panista.

El repudio de Peña Nieto no es en forma alguna un no escueto, sino un programa ambicioso y un llamamiento general. Su forma de ser no es apolítica aunque no se inscribe dentro de un partido o alianza. Este terreno puesto de por medio entre los que repudian y los partidos es indispensable para articular en este momento una propuesta política que parte de la crítica de lo existente, incluyendo el sistema actual de partidos.

El repudio se extiende hacia las cadenas de televisión, en especial Televisa que es la mayor. Si se rechaza el sistema excluyente de toma de decisiones debe también rechazarse la exclusión que realizan los canales nacionales. El cerco informativo no solo es político sino también cultural. México no cabe en la televisión o, dicho de otra forma, ésta trata de empequeñecer al país, el cual posee una diversidad infinitamente mayor que la proyectada por esa misma televisión.

Los críticos de los jóvenes que repudian les exigen a éstos un programa partidista, una organización jerarquizada, una forma de ser convencional. Pretenden así meterlos a esas maneras que los mismos jóvenes critican, al oportunismo corriente, a los intereses dominantes.

Pero esos jóvenes están a disgusto con el sistema de poder y no solo con los mecanismos de gobierno. México está sometido a unos intereses dominantes francamente oligárquicos que frenan el progreso a pesar de que controlan las formas de producción más modernas. Lo que promete Peña Nieto es mantener el dominio de unos cuantos grupos empresariales cuando el sistema impuesto por éstos ha llevado al país al estancamiento durante ya varias décadas.

El método del repudio es el del manifiesto, la proclama, el plan, instrumentos de la lucha política desde el siglo XVIII. Pero ya no vemos papeles sino mensajes, videos caseros, comentarios, informaciones, todo en la web, espacio abierto no solo al comercio sino también a la inteligencia.

No es inusitado que la juventud intelectual ponga lo nuevo en el escenario. Pensemos en el 68 (¡ah!, ¡si entonces hubiera habido internet!). El sistema crea los instrumentos para divulgar la crítica y, por cierto, también a sus críticos. La crisis de México es tan profunda que ha removido la conciencia de la juventud intelectual de todos los estratos sociales.

Los críticos del repudio cometen el error de ver el fenómeno como si ya hubiera terminado, son una especie de historiadores del presente con el inalcanzable propósito de impedir a tiempo el desarrollo que va teniendo ese movimiento. Como todo lo nuevo, sorprende, pero también induce al miedo de los defensores del sistema, los cuales nos hablan como si nada fuera a ocurrir. Pero es que ya ha ocurrido algo que puede ser mucho más amplio y perdurable que la escasa imaginación de los inconfesos panegiristas del orden establecido. Se nos dice que no pasa nada, pero sin duda algo nuevo ha surgido.