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Los acuerdos bajo la adrenalina

Día con díaHéctor Aguilar Camín

Las campañas avanzan como suelen avanzar las campañas, con poco espacio para que los candidatos y sus huestes concedan nada a sus competidores.

Cada uno ve lo que quiere ver, construye su discurso, sus mítines y hasta sus encuestas. Los que van abajo atacan al puntero, el puntero encaja los golpes como puede, tratando de controlar los daños.

La superficie de la competencia es una colección de monólogos voluntariosos en los que apenas cabe un razonamiento. Pura adrenalina electoral.

Los números de la intención de voto se mantienen fríos, sin embargo, y solo cambian significativamente en la competencia por el segundo lugar o en encuestas que son parte de los monólogos de la campaña.

Algo menos autorreferencial sucede en la caja de propuestas de los candidatos. Son inaudibles o nadie las oye con credulidad, pero creo que son sintomáticas de una marea convergente, anterior y posterior a las campañas.

Las coincidencias puntuales de PAN, PRI y Panal en programa de gobierno son muchas. La mayor, o la más significativa, es la que se refiere a abrir Pemex a la inversión privada. Se trata de una convergencia que toca un tabú histórico del país, que requiere una reforma constitucional y que apoyan candidatos y partidos cuya intención de voto hoy es de 75 por ciento, cantidad más que suficiente para lograrla en el Congreso.

Hay muchas otras convergencias entre esas fuerzas, suficientes para concluir que el país tiene un nuevo piso de acuerdos mayoritarios, en cierto modo un nuevo proyecto nacional, democráticamente construido.

Pero me interesa subrayar ahora, en ese camino, tres convergencias de todos los partidos y candidatos.

La primera se refiere al compromiso de atacar lo que nadie niega ya como un problema mayor de México: la corrupción y la pobre rendición de cuentas. Los candidatos tienen distintas recetas para atacar esto, y distinta credibilidad en la materia, pero en el discurso de todos ocupa un lugar dominante.

La segunda convergencia total se refiere a la educación y a su nudo político: el excesivo poder del sindicato. Se diría que es un tema que ha llegado a su grado de combustión y que su reforma no tiene regreso.

La tercera convergencia tiene que ver con la universalización de la red de seguridad social, un proceso en marcha cuya finalización ven como factible y prometen como propia todos los candidatos.

En medio de la adrenalina campañera, la elección de 2012 puede acabar siendo una de las de mayor densidad programática de la democracia mexicana.