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Ausencia de ideas y marcha anti-Peña

Vuelta prohibidaNéstor Ojeda

Sin duda, durante décadas el PRI y el sistema que controlaba los destinos del este país se caracterizaron por su perfil autoritario y depredador; hicieron falta grandes movimientos sociales y una izquierda que transitó a la legalidad, al igual que una derecha santurrona, pero demócrata, para empujar las reformas que tuvieron como resultado primero la apertura y luego la alternancia en México.

Por desgracia, las corrientes ideológicas y las convicciones democráticas que empujaron el último cuarto de siglo mexicano no alcanzaron a transitar al siglo XXI. La marcha de ayer contra el candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, es precisamente una muestra de esa ausencia de ideas y valores que sufre la sociedad.

Primero, porque la manifestación niega una condición fundamental de las sociedades democráticas, que es expresar libremente sus aspiraciones y convicciones a través del voto. La marcha contra Peña Nieto es en estricto sentido una versión champurrada de la campaña del PAN y sus aliados empresariales contra Andrés Manuel López Obrador, cuando hace seis años fue señalado como “un peligro para México”.

Pero no solo eso, es también la proyección de un sector que pretende decretar e imponer como realidad al resto de la sociedad un mundo que solo existe en Facebook y Twitter, esto sin demérito alguno del poder de comunicación de esas herramientas, el cual debe medirse en su justa dimensión en un México en que la gran mayoría de la población aún no accede a las redes sociales.

Además su ausencia de ideas se representa con esa unión de los grupos radicalizados y voluntaristas de la izquierda con la derecha cavernícola y una desesperada Josefina Vázquez Mota que cada vez se ve más lejos de ser una competencia real en la disputa por la Presidencia.

Hay que dejar claro que los cortos alcances de los competidores e impugnadores de Peña no hacen que el candidato priista sea una opción clara de cambio y progreso para México. Al contrario, en la campaña priista se notan los reflejos autoritarios del viejo régimen y de una clase política carente de autocrítica y visión de Estado, que parece tener más ánimo de revancha que de lograr las reformas que requiere México.

Así las cosas, el escenario es deprimente: el candidato y el partido que seguramente ganarán la elección presidencial no dan garantía de acuerdos y políticas que saquen al país de la parálisis económica y crisis de violencia, pero tampoco la opción de una izquierda moderna y propositiva, mucho menos de una derecha democrática y legalista. De plano estamos jodidos.