Ángeles y demonios
Juan Gabriel Valencia
Cualquier positivista liberal acepta, aunque no siempre asuma y lo internalice, el hecho de que por fortuna o por desgracia la única verdad es la jurídica. Lo demás es metafísica o ciencia relativa.
Asumirlo no es sencillo y menos en un país región cuatro con toda la precariedad de su mal llamado aparato de impartición de justicia. Y en esa ecuación me refiero no solo al Poder Judicial, sino a todos los ministerios públicos insertos en los poderes Ejecutivos federal y estatales.
Agréguese a esas carencias judiciales de todos conocidos, desde la nula capacidad de investigación de los ministerios públicos hasta la compra y la consigna de jueces, algunas aberraciones jurídicas contemporáneas como la figura del arraigo, que únicamente legaliza el secuestro judicial y cancela el derecho de amparo.
Todo esto viene a cuento por el arraigo al que han sido sometidos el general de división Tomás Ángeles y el general Roberto Dawe.
El general de división en retiro Tomás Ángeles ocupó prácticamente todos los cargos de importancia del Ejército. Si acaso le habría faltado ser jefe del Estado Mayor de la Defensa, director de la Industria Militar y secretario. Por sus manos de manera directa e inmediata pasaron tres generaciones de oficiales cuando fue director del ya no sé si H. Colegio Militar. Estuvo en contacto con todos los elementos del Ejército a todos los niveles como director general del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas. Fue subsecretario en este sexenio con el general Galván. Al llegar a la edad de retiro, cuando aún podía legalmente quedarse, se deshicieron de él.
Un tipo conocido por su austeridad y por su capacidad para lidiar y ponerle freno a los políticos. En los últimos años, uno de los generales más cercanos a llenar la definición de un intelectual y a la vez, como dirían los militares, muy guerrero.
Si durante los años críticos del conflicto del EZLN en Chiapas no ocurrió una tragedia entre 1995 y 1996, fue gracias a la prudencia combinada con la firmeza de Tomás Ángeles.
Ahora resulta, a seis meses de que termine el sexenio, que se le vincula a él y al general Dawe con el crimen organizado. A la opinión pública se le deja en la libertad del terreno de la creencia, a falta de mayor información, incluso para los abogados que no han tenido pleno acceso a las averiguaciones previas.
Y ya en el terreno de la creencia, que se lo crean el presidente Calderón, el general Galván y Marisela Morales. Yo no.
Se habla de testimonios de personajes como La Barbie y El Grande. Otro vicio, uno más, de la legislación penal de una Presidencia paranoica y una Secretaría de la Defensa corrompida hasta los huesos. La actual, no la de Ángeles. Qué casualidad que un asesino de fama pública como La Barbie o El Grande se entregaron sin disparar un solo tiro y ahora denuncian a sus supuestos cómplices. Cuatro años después de dejar el cargo. Ahora resulta que asesinos seriales, arrepentidos, cuentan la verdad de su historia criminal y de sus lazos con el mundo público. Y ahora resulta que el presidente Calderón, su secretario de Defensa y su procuradora les creen. Uso el verbo correcto, creen, no piensan, o tienen otros intereses y otros cálculos.
Ángeles y Galván no tenían una buena opinión recíproca entre sí. Dawe, ya en retiro, como delegado de la PGR en Chihuahua, conoció a fondo el paso del general Galván cuando fue jefe de zona. La procuradora, de lleno en relaciones personales con el círculo íntimo del general Galván. La disputa dentro de la Secretaría de la Defensa a todo lo que da por el grupo que puede o no puede llegar a ocupar la Secretaría de la Defensa el próximo 1 de diciembre.
Antes de una venganza personal, ojalá el secretario de la Defensa y la procuradora hayan revisado bien si no tienen cola que les pisen, porque en diciembre los puede aplastar la historia y el aparato de justicia.
Desde el primer momento fue un grave error del presidente Calderón hacer intervenir a las fuerzas armadas en la línea de combate contra el narcotráfico. El Sistema de Seguridad Pública lleva ya casi 20 años, sometido a la presencia parasitaria de Genaro García Luna, que involucra a las fuerzas armadas sin implicarse él mismo en lo que a él le corresponde.
Ahí están las consecuencias. Y por eso Ángeles no tenía buena opinión ni de Galván ni de García Luna.
Tiempos de irresponsabilidad y ajustes de cuentas. Ángeles en el arraigo y los demonios sueltos.








