Peña en la Ibero
Jorge Medina Viedas
Luego de leer, oír en la radio, verlo en los armadísimos videos del estilo de un thriller hollywoodense en YouTube y de escuchar a exultantes testigos, francamente se puede concluir que lo ocurrido este viernes en la Universidad Iberoamericana de Santa Fe fue un episodio grotesco, pero absolutamente previsible.
Se advirtió que esto ocurriría. Las universidades no son ni han sido territorios a modo de los priistas. Con métodos y estilos distintos, la derecha y la izquierda se han ocupado políticamente de ellas, mientras los líderes del PRI pareciera que esperan a los estudiantes de hoy en su madurez de mañana. Falta de sensibilidad y torpeza; las dos cosas.
Pero en este caso, adicionaron un error táctico: Peña acudió después de que habían cancelado y de que AMLO había salido con aplausos. Los jóvenes llenaron los tanques de combustible de la venganza.
Los más politizados de la Ibero prepararon su propia fiesta política. Bien comandados por las epígonos de la guapa y carismática líder estudiantil chilena Camila González (ella sí auténtica), gritando “fuera”, “cobarde”, “asesino” a Enrique Peña Nieto, por supuesto que recordaron el 14 de marzo de 1975, cuando al presidente Luis Echeverría se le ocurrió ir a la UNAM a intentar inaugurar los cursos. Igual que Echeverría, Peña tuvo en el auditorio cerrado un diálogo más o menos controlable, pero salió por la puerta de atrás entre gritos e insultos. Faltó la piedra que fue estrellarse a la cabeza rala del presidente para que todo fuera casi igual.
Pero en 1974 no había democracia en México. Se vivían los resabios de la represión contra los estudiantes de 1968 y 10971; el gobierno enfrentaba a grupos armados y violentos, no narcotraficantes, sino guerrilleros que aspiraban a cambiar el sistema económico y político.
Este alto contraste no deslegitima la actitud crítica ni los cuestionamientos a Peña, ni siquiera el tono de bronca y de irónica soberbia, como cuando uno de ellos, con actitud chulesca, le explicó al candidato priista lo que significaba anomia. Hasta ahí todo estaba dentro de un marco de tolerancia y de agreste normalidad.
Pero el hecho de que hoy, 40 años después, en el contexto electoral, una universidad privada, enclavada en la zona más rica del país, haya sido el escenario de una violenta y agresiva actitud de estos jóvenes de clase media y alta contra el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, tiene otras connotaciones.
Aunque haya sido parte de una preparada y orquestada provocación contra Peña, ¿de verdad eran adeptos de AMLO y Josefina los que incitaron a los demás? ¿Por qué aparecieron un grupo de colonas de Cuajimalpa en las inmediaciones de la Ibero protestando contra Peña? O ¿los iracundos jóvenes de la Ibero eran de izquierda como los que quemaron patrullas en Michoacán y hoy están bloqueando carreteras del estado, exigiendo la liberación de quienes cometieron delitos flagrantes?
No sirve de mucho que el rector de la Iberoamericana, José Morales Orozco, responsabilice de los hechos a la coordinación de campaña del candidato y señale que el incidente es lo que “los jóvenes de México están sintiendo”. Esto querría decir, por lo tanto, que los chicos y chicas de la Ibero han acumulado el odio, la intolerancia y la desesperación que resaltaba en los rostros de varios cuando se dirigían de manera vociferante a Peña Nieto.
Eso sí sería muy grave para la propia casa de estudios porque, al margen de que consideren culpable a éste de todos los males del país, evidenciaría la insatisfacción por la calidad de la educación que están recibiendo, al mismo tiempo que revelarían el mismo sentimiento de inseguridad y aprensión respecto de su futuro profesional que muchos otros jóvenes, educados o no en alguna universidad, manifiestan.
No obstante, no creo que a partir del próximo lunes los activistas de la Ibero, como colectivo, estén preparándose para nuevas y más rudas batallas. Por ejemplo, seguir a Peña como lo hicieron los lopezobradoristas a Calderón, declarándolo presidente ilegítimo. No irán más allá de lo que ocurrió el viernes. Mucho menos irán con esa furia contra Josefina Vázquez Mota.
Ya más en serio, tal vez tomarán las calles en la protesta poselectoral que ya está gestando la izquierda, pero no irán dos veces ni más lejos. Entre algunos de ellos puede ser que surjan en el futuro otros Vicentesfox u otras Josefinasvázquez, pero no pasará de ahí.
Todo tolerancia
Y un punto para Peña el viernes en la Ibero: su actitud de control, temple y prudencia no podrá negarla nadie. El matojo de adversarios lo están adiestrando como presidente.








