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Todos ganan

Perfil MexiquenseArmando Ríos Ruiz

El debate entre los presidenciables demostró que los mexicanos tienen más interés en esta clase de eventos; en observar a los candidatos enfrascados en una guerra de ideas, de denuestos y de acusaciones, que en presenciar un partido de futbol. Resulta que el rating generado por los políticos fue mayor que el que produjo un encuentro deportivo.

No hubo vencedores, dicen los analistas y quien proclame que resultó triunfador es un mentiroso que no merece continuar en el pleito por la silla presidencial, por la sencilla razón de pretender engañar a los seguidores de esta singular escaramuza, que cuentan con un criterio bien definido y por ello pueden realizar sus propias conjeturas, sin necesidad de que político alguno les diga que es dueño de la victoria y de la verdad.

Cada contendiente resultó ganador para sus partidos y para sus simpatizantes. El público no atestiguó golpes contundentes, de esos que quedan grabados, porque no los hubo y porque nadie los practicó. Creo que los debates deberían ser como los antiguos concursos de oratoria, aquella retórica, fogosa e incendiaria que no dejaba lugar a dudas sobre el vencedor.

Creo también que aún deberían practicarla los modernos políticos, porque, además de dejar un buen sabor, siembran la idea en quien los escucha, de gran cultura y entrega a la lectura de libros que coadyuvan con el progreso de los pueblos.

Hay quienes se escandalizan porque ven a una mosca volar desnuda, pero para muchos ganó hasta el público gracias al tino de invitar a una edecán con muy buenas formas, que lució mejor que los preocupados políticos sin necesidad de expresar palabras.