Carta a un reportero silenciado
Cambio y fueraAdriana Malvido
José: supe de ti el sábado pasado cuando la noche caía, junto con la llovizna, bajo el Ángel de la Independencia. Decenas de periodistas nos reunimos allí para manifestarnos contra la ola de asesinatos que se abate sobre nuestros colegas en diferentes estados del país y para exigir fin a la impunidad. Así llegó azarosamente a mis manos la pancarta con tu fotografía, tu nombre y el año que te secuestraron.
José Reyes Brambila, te llamabas. Sostuve en alto la cartulina con tu rostro mientras se daba lectura, uno por uno, del nombre de todos ustedes y el “¡No debió morir!” que repetimos a coro.
Hoy sé que te encontraron “encajuelado” el 17 de septiembre de 2005 en el centro de la ciudad de Guadalajara. Que tu cuerpo estaba envuelto en una bolsa de basura, desnudo, con las manos atadas a la espalda, los ojos vendados, con signos de tortura y tres cuchilladas. Eras reportero del periódico, llamado entonces, Vallarta Milenio. Desconozco tu historia y por qué te mataron. Y es que tu caso, como el de los demás periodistas silenciados, nunca se resolvió.
Una semana antes de la manifestación, asesinaron a Regina Martínez, corresponsal de Proceso en Xalapa, y solo 48 horas antes de la protesta, el Día Internacional de la Libertad de Prensa, aparecieron en un canal los cuerpos desmembrados de tres fotorreporteros, Guillermo Luna, Gabriel Huge y Esteban Rodríguez, junto con el de Irasema Becerra, empleada de un diario, también en Veracruz.
Del año 2000 a la fecha han muerto asesinados 83 periodistas, 53 de ellos en este sexenio, y 14 están desaparecidos, según Reporteros sin Fronteras (RSF). De 2005 a 2012, han sido 25 las agresiones físicas a instalaciones de medios de comunicación y de 2009 a 2011, se reportaron 565 agresiones a trabajadores de prensa, según Artículo 19. Hay estados donde el terror y la autocensura (como medio de supervivencia), se apoderan de las redacciones.
Freedom House pone a México en la categoría de naciones donde “no hay libertad de prensa”; RSF lo incluye entre los cinco países más peligrosos del mundo para el ejercicio periodístico; la ONU nos ubica en “zona roja”, donde la procuración de justicia no funciona y la penetración del crimen organizado en autoridades y fuerzas de seguridad locales la obstaculizan. Ni fiscalías, ni leyes, ni la retórica gubernamental tendrán sentido mientras reinen la impunidad y el desamparo. Pen Club México pide a Canadá, EU y la UE, condicionar su apoyo en la lucha antinarcóticos a que el gobierno tome medidas genuinas y efectivas para atender las agresiones contra periodistas.
La defensa de la libertad de expresión contempla el derecho de la gente a estar bien informada. Por eso, José, urge una alianza solidaria con la sociedad para exigir juntos paz y justicia. Compartir la indignación en la calle y sentirse parte de una comunidad, fortalece. Encender veladoras, inquieta: ¿cómo narramos este país y ayudamos a entenderlo, cómo alentamos un mejor periodismo, cómo exigimos la ética, los medios y las condiciones para lograrlo en un clima tan amenazante? Acompañándonos, para empezar, así sea bajo la tormenta.








