Consejo coordinador empresarial
Esteban Garaiz
Hay votos que cuentan y votos que pesan, según antiguo (y vigente) dicho de don Jesús Reyes Heroles. Si nos aventuramos, quizá podríamos decir que dos mil votos del Consejo Coordinador Empresarial pueden pesar más que dos millones de votos de soberanos de a pie. Con mayor razón pueden valer más que 240 mil votos de diferencia en una elección que decida la presidencia de la República.
Ahora que cabalgamos por la república amorosa y dejamos atrás agravios, quizá resulte útil, al menos, echar un ojo a la fondocracia de nuestros vecinos al norte, donde cuentan más los fondos obtenidos por los candidatos , como empresa por acciones, que los votos personales de los ciudadanos, que se toman en mayorías estatales ponderadas en arcaicos corporativos.
Pero mal de muchos no es consuelo de nadie, ni ejemplo válido para democracias unánimes insulares. Por todos lados hay habas cociéndose.
Volviendo al tema: hubo pasarela de candidatos en dos respetables corporativos; uno jerárquico y otro empresarial. En el segundo caso, el Consejo Coordinador Empresarial, según crónicas, hubo amplísimas coincidencias de dos de los presentados, él y ella, con el colegiado de hombres de negocios. Nada de sorprender sabiendo que ambos responden a los mismos altos intereses y proponen, en esencia, las mismas soluciones fiscales, presupuestales, laborales, energéticas y de seguridad nacional.
La nota diferente la establece el tercer candidato. Acordaron hacer a un lado agravios de hace 6 años: “Yo ofrecí mi mano franca, queremos la unidad, queremos la reconciliación”. La historia, sin embargo, difícilmente podrá pasar por alto la campaña contratada, por 180 millones de pesos.
Campaña, por cierto, que resultó tan eficaz que todavía hoy puede explicar los altos negativos que conserva el candidato entre los ciudadanos menos informados. Aquellos que nunca analizaron el modo cómo antes había gobernado de hecho en el Distrito Federal.
Documentado queda en el Dictamen del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que “identifica el gasto realizado entre otros rubros por el Consejo Coordinador Empresarial”. Según el citado Dictamen, “el spot identificado como 1 se transmitió en los canales 2, 4,5 y 9 de Televisa 116 veces, en tanto que el spot identificado como 2 se transmitió en los mismos canales 138 veces”.
En el largo alegato, el Tribunal Electoral señala que “esta Sala Superior calificó como ilegales ciertos promocionales en los que se decía que Andrés Manuel López Obrador es un peligro para México”. También afirma que el CCE “es un sujeto normativo o destinatario de la prohibición”, y que “se actualiza una violación a las invocadas normas”. Pero finalmente concluye que “La irregularidad que ha quedado establecida, por sí misma no es determinante para el resultado de la elección, ya que no obran elementos probatorios en autos que demuestren fehacientemente el impacto”. Sí pero no.
En todo caso, historia pasada. Ahora hay que mirar al frente. Muchos, muchos empresarios, en Monterrey y en otras partes del país, han reflexionado, de manera paralela, que la medida propuesta en 2006 resulta hoy absolutamente ineludible; que el mercado interno ha quedado estrangulado y que el mercado exterior, al que le apostó el grupo en el poder político, está hoy igual de flaco y desmayado: ya no cabe seguir explotando a la clase que trabaja en el sector productivo si no hay quien compre, por más marketing que imaginen.
Nadie propone cerrarse al mundo. Pero se requiere duplicar el mercado interno incorporando a la media nacion que está marginada: 58 millones de posibles consumidores.
Según testimonios, las diferencias fueron expuestas de manera civilizada. Incluso cuentan que acordaron procesarlas en reuniones próximas. Naturalmente, quedan en muchos dirigentes gremiales los recelos acerca de los efectos posibles de inflación por los aumentos en el salario mínimo (cuando los hechos en el Brasil de Lula y en la Honduras de Mel Zelaya han demostrado tolo lo contrario).
En estos días en que el mundo ha conocido la catadura ética de Walmart, también se ha sabido, con datos de la propia Bolsa de Valores, que dicho consorcio ha pagado al complaciente fisco federal, al igual que otras dos docenas de corporativos, un 2 por ciento sobre sus impresionantes utilidades. Un amable y sonriente Felipe Calderón convive con el presidente del grupo. En la reunión se habló de “equidad fiscal”. Suponemos que eso quiere decir “progresividad”, como propone el criterio universal.
Algunos de ellos siguen todavía usando términos como paternalismo. No acaban de asimilar que nutrición, salud, escolaridad, capacitación suponen la inversión más redituable en el factor productivo más importante: el trabajador.








