El debate de hoy
Juego de espejosFederico Berrueto
Los debates son los eventos político-electorales que despiertan mayor interés del público. Una encuesta del viernes mostraba que cuatro de diez conocían el día en el que tendría lugar el debate de hoy por la noche. Seguramente esta cifra se incrementará a cinco o seis con la publicidad y la polémica de por medio, una proporción muy próxima a lo que se espera como participación electoral el primer domingo de julio.
Quizá haya una cuota de ingenuidad en quienes consideran que el debate será atendido por más gente de la que se piensa. No parece tanto. Esto ocurrirá en dos modalidades: el seguimiento en vivo total o parcial del encuentro y lo que se escuche o vea en la información noticiosa y opiniones que siguen al evento. En este sentido, el vilipendiado debate de hoy será uno de los acontecimientos más importantes de las campañas, lo que no necesariamente significa que los candidatos en desventaja y sus partidos puedan hacer de éste el acontecimiento definitorio de la elección.
Es muy amplia la diferencia en la intención de voto del candidato Enrique Peña Nieto respecto a sus adversarios López Obrador y Josefina Vázquez Mota, pero es muy cerrada la que existe entre estos dos. En esta perspectiva, el debate y su secuela sí pueden aclarar esta disputa. El tema no es menor, ya que un claro segundo lugar es el principio para disputar al primero, mientras que el tercero puede significar un deterioro de la situación mayor a la de su real posición, como ocurrió con Cuauhtémoc Cárdenas en 2000 y Roberto Madrazo en 2006. Gabriel Quadri tiene una oportunidad singular y es el escenario para hacer valer lo que es.
No solo para los candidatos, también para los partidos es importante lo que pudiera ocurrir esta noche y los días que siguen. Un buen segundo lugar tiene expresión en las elecciones locales concurrentes y en la integración de las cámaras. El PAN defiende gubernaturas en Morelos, Jalisco y Guanajuato; que su candidata se desbarranque impacta negativamente a sus correligionarios candidatos a gobernador. Morelos y Jalisco se ven muy difíciles para el PAN y en Guanajuato la situación es muy comprometida en el estado y en la ciudad de León.
Para la coalición de izquierda un segundo lugar significa que los partidos que postulan a AMLO puedan asegurar un porcentaje de votos suficientes para retener el registro y la definición de las prerrogativas futuras, además de asientos legislativos. También mejora las perspectivas de sus candidatos a cargos ejecutivos en el DF, Tabasco, Morelos y Guerrero. Sería la primera vez que la izquierda fuera la oposición.
Lo más visible son los candidatos presidenciales, pero es más lo que está de por medio, por eso es muy importante y trascendente la disputa que ocurre entre el PAN y el PRD. La condición de oposición en un sistema tripartidista, además de ser un factor de influencia en el ejercicio del poder, también es la antesala para ganar la mayoría.
El PRI en realidad no fue segundo lugar hace seis años. La habilidad de sus coordinadores parlamentarios y la torpeza de los del PAN y PRD significaron que el tricolor se comportara y actuara no solo como la primera oposición, sino como el factor de gobernabilidad y negociación en el Senado y en la Cámara de Diputados, no obstante su condición numérica de clara minoría. La fragmentación de la izquierda contribuyó al PRI como interlocutor privilegiado del gobierno, así como determinación de la Presidencia de aislar a López Obrador. En 2009 se presentó un cambio trascendente al ganar el PRI la elección de diputados. 2010 fue la construcción de la alianza anti-PRI y 2011, con el triunfo tricolor en el Estado de México y Michoacán, reafirmó la perspectiva para regresar al poder con la candidatura del ex gobernador Enrique Peña Nieto.
El debate de hoy dará mucho de qué hablar. La discusión se dará entre la muy estrecha minoría de los enterados y un amplio público expectante, influenciable para decidir quién fue el ganador del debate, pero ya, a estas fechas, muy consistente en el sentido de la preferencia del voto; en el mejor de los casos, solo una cuarta parte es frágil en su preferencia, de allí la relevancia de la contienda que se da entre López Obrador y Josefina Vázquez Mota.
En el debate suceden muchas cosas, los candidatos ganan en algunos temas y pierden en otros. No todo es evidente; lo implícito juega su parte. El encuentro verbal de candidatos es un juego de símbolos que el espectador descifra a partir de sus creencias y de la influencia que otros ejercen en él. Frente a ello está la pretensión, no exenta de simplismo, de conocer quién ganó el debate, cuando lo que importa es su impacto en los electores.
Twitter: @berrueto








