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Debate del debate

OpiniónLuis Lozada León

Como México es el país del nunca jamás, propongo que dejemos ya en paz el debate sobre el debate y que nos pongamos de acuerdo para que los partidos contendientes a la Presidencia de la República, PRI, PAN, PRD y Nueva Alianza, es decir don Enrique, doña Josefina, don Andrés Manuel y don Gabriel, renuncien a la candidatura a favor de Ricardo Salinas Pliego con su equipo de asesores llamados Monarcas y Emilio Azcárraga Jean, con su equipo de asesores, el América. Y que en un gran partido de futbol, teniendo como espectadores al gran y noble pueblo de México, se disputen la silla de Palacio Nacional, eso sí fijando bien las reglas con tiempos extras y rondas de penalties.

Que el IFE decrete la señal de televisión de este gran partido para los canales abiertos y no abiertos, dándose tiempo a los contrincantes a partir del 10 de mayo, hasta el domingo 2 de julio para que se preparen para la gran final, en la que seguramente estarán dispuestos a entrar don Carlos Slim, don Carlos Salinas, el Simi Doctor y otros de mucha fortuna.

Por lo que tendremos que buscarles algún buen partido en la Cámara de Diputados y en la de Senadores para repartir perfectamente bien el pastel, y que por lo pronto don Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón diseñen otro partido entre los grandes millonarios para ver cómo se van acomodando en esta gran final de la política mexicana.

Expertos internacionales en la política de los medios de comunicación y derechos humanos deberán intervenir para que los grandes partidos sean televisados como campaña electoral, solicitando en gran medida a los periodistas de mayor prestigio, moderen o mejor dicho arbitren estos fenomenales juegos.

De este modo los periodistas de gran envergadura polemizarán en grandes programas los problemas más acuciantes que afrontan en el país los equipos de futbol, en especial a sus derechos deportivos contractuales, y de seguro médico.

De ese modo, en esas polémicas no se considerarán cuestiones vitales como son los límites a la autoridad presidencial, la separación de poderes, el papel de la justicia y el combate a la inseguridad, de la mal llamada guerra de Calderón.

La agenda de las televisoras sólo versará sobre el espectáculo mediático, las ganancias que dejen los patrocinadores, la publicidad, los detalles de la transmisión, dejando afuera las discusiones sobre democracia, derechos civiles, políticos y constitucionales.