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Campañas de sangre

Voces callejerasSantiago Fourcade

Las campañas políticas regiomontanas avanzan enlutadas y nadie se da cuenta. “¿Cómo? ¿Hubo muertos? ¿Dónde? No leí nada”, ustedes me pudiesen decir. Pero sí, ahí están, teñidas de sangre luego de varias semanas de proselitismo que comienza a empujar hasta sus límites a las fuerzas de choque más básicas que sustentan al aparato político. Me refiero a los aprietes y golpizas; a las extorsiones violentas y los asesinatos a pedido. A todas las situaciones que suelen darse en sectores donde la sociedad pocas veces mira. Ni los medios prestan atención pese a su sed noticiosa.

¿Me equivoco? Entonces déjeme ponerlo a usted a prueba. Seguro sabía que tres voluntarios religiosos que repartían despensas fueron asesinados porque sus acciones molestaron a las mafias que controlan la ciudad. Esos jóvenes ejecutados no pertenecían a ningún partido, pero sus acciones chocaron contra los intereses del funcionario que quería usar el mismo método para ganarse simpatías vecinales y la colusión con el crimen organizado definió el resto. Seguro usted sabía que sicarios de los cárteles torturaron a vendedores de los mercaditos por no alinearse con el manejador político de la plaza. Seguro usted sabía sobre la lista que reparten entre los changarros callejeros pidiendo ifes de familiares para ser utilizados en la próxima elección. Quien no acepta pierde su lugar y su derecho a pagar la renta semanal. Deben estar dispuestos a participar de los desfiles y entregar sus credenciales o números de la mayor cantidad de conocidos posibles. Seguro usted sabía de los locales incendiados porque sus dueños no aceptaron su utilización como depósitos de miles de kilos de cajas con folletos y banderas partidistas.

En fin, los hechos abundan y las primeras semanas de campaña sobrepasan la tranquilidad aparente. Nuevo León camina enlutado y no lo sabe. Lo presiente y quizás hasta lo huele; pero existen tantos episodios bajo la superficie que la desinformación se disfraza con habilidad y sigilo.