Ciencias sociales y políticas: continuidad o cambio
Alan Arias Marín
Fernando Castañeda, Luis Gómez y Rafael Reséndiz conforman la terna ideada por el rector Narro para que la Junta de Gobierno de la UNAM seleccione al director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS). Continuidad o cambio es el dilema que dibuja la terna. Statu quo, intereses creados y rendimientos decrecientes o renovación que enfrente deficiencias estructurales acumuladas.
El asunto es importante. La FCPS es la mayor escuela de ciencias sociales en América Latina y su posgrado el generador más abundante y sofisticado de cuadros y saberes para enfrentar la alta complejidad y gravedad de los problemas de México y la región. Quien resulte director asumirá cruciales responsabilidades en el desarrollo social y político del muy crítico próximo lustro.
¿Quién entre el director Castañeda (que busca otro periodo), Luis Gómez (académico destacado de amplia convocatoria) y Rafael Reséndiz (actual consejero universitario) cuenta con las condiciones y el respaldo de la comunidad para asumir las responsabilidades de renovación e innovación que reclama la Facultad?
La FCPS presenta dos grandes nudos problemáticos. El envejecimiento del profesorado, renuente al retiro, experimentado y bien calificado, requiere de modalidades nuevas de docencia, difusión y formación de nuevos profesores sin prescindir del talento de los viejos maestros; dar cauce a nuevas generaciones y talentos que no encuentran espacio para desarrollar sus ideas y energía.
La FCPS no ha resuelto (ni planteado) qué hacer con sus estudiantes ante la larga coyuntura crítica que vive el país. Está obligada a replantear contenidos y prácticas inerciales y diseñar e instrumentar una formación crítica pluri-funcional. Cuadros profesionales en disciplinas sociales aptos para servir a la sociedad en el Estado, partidos políticos, ONG; pero también en empresas (prioridad las de telecomunicación) y proyectos societales requeridos de información, diagnósticos y mecanismos de implementación de políticas; garantizar la auto-reproducción de investigadores y docentes para su propio desarrollo y el de otras instituciones académicas.
Procede la reconsideración del plan de estudios. Debate teórico radical, organización de cuerpos colegiados, nuevos modos de enseñanza-aprendizaje; reciclamiento y evaluación sistemáticos, son las prioridades. El retraso ha ocurrido al ser considerado asunto técnico-administrativo y por limitación de las habilidades políticas y de convocatoria exigidas por una comunidad como la FCPS.
Rafael Reséndiz es indiscutible líder de un sector de la numerosa carrera de Comunicación. Reivindica la idea de separarse de la FCPS y conformar una entidad nueva; no es algo que deba asustar aunque sí ponderar, atendiendo a que la calidad y especificidad de los comunicadores de la UNAM —a diferencia de tendencias mercadotécnicas o publicitarias— radica en la perspectiva global y social características del conjunto académico.
El director Castañeda ya tuvo su oportunidad. No capitalizó la estabilidad y regularidad del rectorado de Narro; mantuvo un desarrollo inercial, invirtió su esfuerzo en políticas de funcionamiento que mantuvieron la estabilidad y permitieron la mecánica escolar y la producción profesoral, pero sin políticas correctivas de fondo; no enfrentó los problemas sustantivos ni atisbó innovaciones.
Es notable la baja incidencia de la FCPS en la investigación de los problemas críticos del país y su escasa presencia en el debate público. Ha permeado en el comportamiento institucional una comprensión auto-limitativa (no comprometida) de las ciencias sociales. El convenio de monitoreo propagandístico con el IFE ejemplifica reiteración institucional, horizonte cuantitativista y baja enjundia teórica. Sus convocatorias se restringen a sectores limitados del profesorado, sin ofertas de agregación estudiantil. Agotado su menú de propuestas, no parece viable ninguna autocorrección y/o renovación del curso seguido. Garantiza una continuidad de rendimientos decrecientes.
Luis Gómez tiene destacada y larga trayectoria. Le distingue su capacidad para instrumentar iniciativas de aliento para articular profesorado y estudiantes. El Observatorio político social —que dirige— expresa esa complementareidad y el empeño por dilucidar problemas contemporáneos. Sus convocatorias son abiertas y amplias, apuntan a la constitución de redes organizativas y de conocimientos: los coloquios internacionales sobre Foucault y Bachelard, uno anterior —memorable— sobre Weber; el libro colectivo sobre sociedad del conocimiento, lo ejemplifican.
Sin duda, es quien, con propuestas de innovación, ofrece mayor empatía con comportamientos teóricos y prácticos de la comunidad potenciadores del cambio; merece la oportunidad de coordinarlo.
FCPyS-UNAM. Cenadeh








