Ni me sorprende ni me asusta
El pozo de los deseos reprimidosÁlvaro Cueva
¡Qué suspenso! ¿Habrá o no habrá debate esta mañana en Noticias MVS con Carmen Aristegui?
¿Qué se puede pensar de un candidato que se niega a debatir? ¿Qué se puede pensar de un candidato que pone, como requisito para debatir, que vaya su enemigo predilecto?
Las personas que aspiran a llevarse nuestro voto el 1 de julio están más divas que las divas. ¿Existirá alguna manera de castigarlas?
Por favor, compártala conmigo a través del Twitter en @AlvaroCueva porque ésta va más allá del cinismo. ¿O usted qué opina?
EL OTRO ERROR DEL DOMINGO
Todo el mundo comentó el error técnico que CNN en Español tuvo el domingo pasado durante la inauguración de sus foros de discusión con los candidatos a la Presidencia de la República.
Pero nadie comentó el otro error técnico, el de MILENIO Televisión.
Como usted sabe, el 22 de abril se anunció el inicio de Voto por voto 2012, el esperadísimo programa electoral de MILENIO Televisión conducido por el arquitecto Héctor Benavides, una leyenda viva del periodismo regiomontano.
Conociendo a MILENIO Televisión y al arquitecto Benavides (a quien admiro profundamente), lo menos que esperaba era el programa dominical del año, la revelación política de la temporada, algo increíble.
¿Y con qué arrancó? Con una serie de errores técnicos imperdonables.
La emisión jamás se entendió de lo mal editada que estaba. Apenas el arquitecto estaba saludando y ya lo estaban cortando, y nomás tomaba el hilo de la conversación, otra vez.
Ver aquello era ver una lluvia de flashes blancos porque, hasta eso, los responsables de esa edición no le despistaron ni tantito para que el resultado fuera medianamente elegante.
Si a esto le agregamos que don Héctor, de seguro por razones de tiempo, jamás nos explicó de qué iba a tratar Voto por voto 2012, le juro que no había manera de darle seguimiento a la transmisión.
Primero vimos un resumen de las campañas, perfecto. Nada del otro mundo. Luego una entrevista con el empresario Alfonso Romo sobre por qué estaba del lado de Andrés Manuel López Obrador que pintaba para ser interesantísima, y nada.
Tan pronto comenzaba a hablar el ingeniero Romo, ¡zaz!, lo editaban, y otra vez, y otra vez.
Eso no fue una entrevista, fue una equivocación, una falta de respeto gravísima tanto para el invitado, como para el conductor, como para el público.
Y ni modo de decir que el arquitecto no conoce su trabajo, que el señor Romo no quería hablar, que fue un complot contra López Obrador o que se cayó el satélite. Estuvo mal. Punto.
Urge corregir Voto por voto 2012, definirlo y posicionarlo porque, insisto, la combinación MILENIO-Benavides suena irresistible. ¿O usted qué opina?
LA NIÑERA CONTRAATACA
Si Fran Drescher, famosa por haber protagonizado La niñera en los años 90, se casó con un homosexual y posteriormente se convirtió en su mejor amiga, es su problema. A nosotros eso ni nos va ni nos viene.
Si la queremos ver, la queremos ver actuando a lo grande, haciéndonos reír a carcajadas, rodeada de magníficos compañeros y de espléndidas situaciones, no de gente cuya única misión en la vida es no brillar para que ella se luzca y de chistes privados que sólo le interesan a la prensa del corazón de Estados Unidos.
¿Por qué le estoy escribiendo esto? Porque el domingo pasado se estrenó, por el canal Comedy Central, Happily divorced, el nuevo programa humorístico de Fran Drescher donde ella, de una u otra manera, habla de lo que le pasó en la vida real: su marido le salió “gay”.
Sí, cuando miramos esto, es probable que nos dejemos apantallar por el tema, pero conforme pasan las escenas nos vamos acordando de otros programas que han jugado con la diversidad sexual, como Will & Grace, y nada qué ver.
Cuando se ha hablado de esto en otras comedias, incluso en Friends, se ha hecho de manera diferente, con más ingenio, con menos pretensiones.
Y no, no es por una cuestión de homofobia, es porque la anécdota “mi pareja me salió homosexual” no da para una serie, es algo que se agota pronto, si acaso da para una película o para un par de capítulos, pero nada más.
Si los responsables de Happily divorced no comienzan a meter otros conflictos, aquello se va a volver repetitivo y terminará por tronar lo cual sería una desgracia considerando que Fran es divina.
Aunque, claro, se nota que la señora, o es una ególatra de lo peor o no está siendo bien asesorada porque, a diferencia de La niñera, aquí no hay otros actores tan buenos como ella ni otros personajes tan entrañables como el suyo.
En resumen, estamos ante el típico proyecto apantallador de toda la vida que vale por los antecedentes de su protagonista y por la supuesta audacia de sus escritores, pero que terminará por morir antes de tiempo.
Véalo y júzguelo usted mismo. A mí, Happily divorced ni me sorprende ni me asusta. ¿A usted sí?








