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Carl Lewis: el legado insomne del Hijo del viento

Sobre héroes y hazañasGilberto Prado Galán

Dice el Hijo del Viento Frederik Carlton Lewis (Carl Lewis) que cada quien tiene su momento, su oportunidad histórica. Se refiere a las posibilidades de ganar oros por parte del jamaicano o jamaiquino Usain Bolt. “La puerta de Londres está abriéndose para que Bolt defina quién ha sido el más fantástico. Yo imité a Jesse Owens (era mi ídolo en la infancia) y gané cuatro oros en Los Ángeles (1984)”.
Carl Lewis nació en Birmingham, Alabama, el primero de julio de 1961. Hijo de padres deportistas, Lewis inició su meteórica carrera como atleta cuando tenía sólo 13 años. Fue seleccionado para competir en Moscú, pero el boicot de James Carter impidió que ganara sus primeros oros. En Los Ángeles ganó cien metros, doscientos, cuatro x cien y salto de longitud. Después ganaría en Seúl, Barcelona y Atlanta la competencia de salto en largo, su especialidad. Una hazaña inimitada en el atletismo y sólo comparable a lo que hicieron Al Oerter (cuatro oros en sendas olimpiadas como lanzador de discos) o el regatista Paul Elvstrom.
Carl Lewis ganó en total nueve oros olímpicos y una plata. Fue el primer mortal en correr los cien metros en menos de 9.9 segundos (9.86) y se agenció asimismo ocho doradas en campeonatos mundiales y un bronce en el espectro temporal entre 1983 y 1993. Sólo Paavo Nurmi, Mark Spitz y Larysa Latynina han ganado nueve oros olímpicos. El tiburón de Baltimore, Michael Phelps se baña en alberca aparte: lleva catorce oros olímpicos. Y todavía aguarda una olimpiada más. Quizá llegue a los increíbles veinte oros. Pero volvamos a Lewis. Un hombre que mejoró sus marcas y sus tiempos a partir de someterse a un régimen dietético vegano (vegetariano tan estricto que excluye lácteos y huevos). Por cierto, como dato curioso vale decir que en 1987 (en el campeonato mundial de Roma) fue vencido en la carrera de cien metros por el canadiense Ben Johnson, a quien desposeyeron de todo reconocimiento al comprobar que competía bajo los efectos de sustancias prohibidas. El oro, a pesar de la polémica, se cedió en automático a Lewis. Johnson solía decir: “Si Lewis es el hijo del viento, yo soy el viento”. Sí, pero un viento enrarecido, inficionado.
En 1987 falleció William Lewis, polista americano y padre del hijo del viento. Su madre, desconsolada, había participado como vallista en Helsinki (1952). Por eso Carl heredó sangre talentosa. Aunque suele decir que sin trabajo constante el talento es infructuoso.
Cuentan que Carl tomó la mano derecha de su padre inerte y le colocó una de las medallas áureas que había ganado en Los Ángeles al tiempo que le decía “Esta medalla es tuya. Te prometo que ganaré otra en Seúl”. Promesa cumplida cabalmente. Viva el hijo del viento, el incombustible Carl Lewis.

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