La rebelión final del SNTE
Día con díaHéctor Aguilar Camín
Finalmente el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación emitió su rechazo a la evaluación de los maestros.
Durante una reunión de sus dirigentes en un retiro turístico de Baja California, la lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo, culpó a la SEP de no haberle informado cómo sería el proceso y decidió que sus agremiados no se evaluarán.
El rechazo anunciado es para este año, pero incluye la negativa abierta a que las evaluaciones tengan consecuencias.
“Estamos dispuestos a la evaluación”, dice Gordillo, “pero con el garante irrestricto de que ninguna medida de estas pueda atentar contra los derechos de trabajo que tienen los integrantes del SNTE” (Reforma, 21/4/12).
Tan claro no había hablado en la materia sino la hermana menor y rival del SNTE, la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación, que no solo se niega también a evaluarse, sino que exige como derecho laboral que las plazas de sus agremiados sean hereditarias.
Al menos ahora la cosa está clara: los dos sindicatos magisteriales de México rechazan la evaluación con consecuencias de su desempeño.
Negarse a la evaluación es negarse a la esencia del proceso educativo. Igual podrían iniciar los padres de familia un movimiento para que sus hijos no tengan exámenes.
No sé qué autoridad moral o pedagógica pueda tener para aprobar o reprobar a alguien quien se niega a evaluarse.
La posición asumida por el SNTE muestra hasta qué punto los dirigentes sindicales han perdido el sentido de su profesión.
Desconozco la ingeniería política escondida en tal postura. Serán los primeros pasos a una negociación a la que se quiere entrar con los listones altos, frente a un gobierno que termina su gestión.
La posición del SNTE no deja de ser escandalosa. Aunque su compromiso previo con la evaluación tenía mucho de demagogia y aplazamiento sine día de los hechos, al menos había ahí un cuidado de las formas y cierta obligación de cumplimiento. Podía pensarse: va despacio, pero va.
Ahora está claro que no. Quien quiera evaluar a los maestros de México tendrá que hacerlo venciendo más que convenciendo a sus organizaciones sindicales.
En este sentido el SNTE ha pintado su raya. Dice que no va a ir voluntariamente a ninguna evaluación que tenga consecuencias. Tendrán que llevarlos.
Eso por lo menos está claro para lo que falta del actual gobierno y como punto de partida para el siguiente.
Es la rebelión final del SNTE, la de fin de sexenio y también la del fin de su credibilidad, si alguna tenía, como aliado para transformar la educación de México.








