El PAN en el precipicio
Juego de espejosFederico Berrueto
El drama no empezó cuando la candidata Josefina Vázquez Mota sufrió voluntario golpe de Estado a su campaña. Inició mucho antes, posiblemente cuando Felipe Calderón decidió sacar a patadas a Manuel Espino de la dirección nacional del PAN. Desde entonces todo ha ido muy mal. Se ganó el poder, pero se perdió el partido. Plazas de tradición panista se entregaron a tránsfugas del PRI. El auténtico panismo ha sido desplazado; la derrota fue autoinfligida. Sólo como ejemplo, la postulación de Fernando Larrazabal, cuestionado alcalde de Monterrey, no fue imposición, es la consecuencia natural de la descomposición del PAN en el poder.
Al PAN no lo lastimó la ligereza de Vicente Fox, tampoco la pasividad de muchos panistas de viejo cuño, más ocupados en sus actividades profesionales que en la brega de eternidad. La mayor herida viene de Felipe Calderón y de su equipo. Inexplicable por el origen y la trayectoria del actual Presidente, un político formado en la lucha política partidaria. Desde 1934 no llegaba a la Presidencia un mandatario que hubiere sido dirigente nacional de su partido, con el adicional de Calderón de haber coordinado a su fracción en la Cámara de Diputados y de haberse formado con lo mejor que ha habido en el pasado reciente del PAN, entre otros, Carlos Castillo Peraza y Diego Fernández de Cevallos.
El haber despojado al PAN de su propio espacio político frente al gobierno fue un grave error. No ocurrió en los seis años de Fox. Germán Martínez, con espléndidos antecedentes políticos y parlamentarios, el mismo que tuvo la inteligencia y el valor para disculparse por un error público respecto a López Obrador en 2006, se volvió un dirigente intransitable al interior y exterior del partido. Lo mismo ocurrió con César Nava, aunque sin la solidez política y las credenciales intelectuales de Martínez. Durante su gestión tuvo lugar el error mayor del calderonismo: la alianza con los colaboracionistas del PRD para derrotar al PRI, debilitar a Peña Nieto y volver inservible a AMLO.
Calderón dañó seriamente al PAN cuando se pronunció ante su Consejo Nacional sobre la posibilidad de un candidato presidencial que no fuera miembro del PAN, un golpe a todos los aspirantes. Frente a esto a Gustavo Madero se le ha visto débil y le ha fallado a su partido en un tema fundamental: defender a Josefina Vázquez Mota ante la embestida del presidente Calderón a las candidaturas legislativas y a la campaña presidencial. Al dirigente le correspondía defender con todo a quien representaba al panismo por voluntad democrática de sus miembros. Quienes perdieron la candidatura apañaron las postulaciones parlamentarias y la dirección de la campaña presidencial, precisamente, por el carácter pusilánime de los dirigentes del PAN.
Las alianzas opositoras tienen su propia dinámica, no se pueden aceptar ni rechazar genéricamente. Fueron razonables para Oaxaca y Puebla; la cuestión es que se volvió un recurso sistemático que despojó al PAN de identidad e hizo de lado a muchos panistas auténticamente identificados con la organización. ¿Qué tienen de panistas Miguel Ángel Yunes, Mario López Valdés, Ángel Aguirre o José Rosas Aispuro? Nada. En el mismo lugar está Larrazabal, con la diferencia de que los primeros hicieron carrera y se formaron en los usos y costumbres del PRI, el otro también los aplica con singular alegría, aunque viene de otro lado.
Para un partido hay peores cosas que perder la elección presidencial. Para el PAN son dos las grandes amenazas: primero, el extravío del proyecto político y ético de sus fundadores, que, por cierto, fueron los más rigurosos críticos del partido como instrumento de gobierno o el gobierno como instrumento del partido y, segundo, la pérdida de su base social y territorial. El poder público le ha caído muy mal al PAN en los cinco años pasados, lo reflejan las alianzas opositoras y la definición de candidaturas. Además, la intolerancia hacia el interior se muestra en la implacable persecución o exclusión de los adversarios: de ello pueden decir mucho Vicente Fox, Manuel Espino, Santiago Creel o Manuel Clouthier.
El PAN puede perder las tres gubernaturas en pugna, y de continuar con la estrategia de campaña impuesta por el calderonismo, su candidata podría ubicarse en el tercer lugar de las preferencias. En muchas entidades pasaría a ser la tercera fuerza y la derrota en Guanajuato y Jalisco le significaría su achicamiento a una expresión irrisoria; solo gobernaría Sonora y Baja California. Sinaloa y Puebla, por evidentes razones no entran en la contabilidad de las entidades gobernadas por el PAN. En contrapunto el PRD podría ganar DF, Tabasco y otras plazasy con ello dar inicio a lo que se anticipó como un posible escenario poselectoral por las dificultades del PAN: el triunfo del PRI y la oposición de la izquierda.








