Tenemos el marco; falta el cuadro
El país de las maravillasHoracio Salazar
El jueves por la noche, los senadores votaron 78-0 a favor de expedir la Ley General de Cambio Climático, según esto “para garantizar el derecho a un ambiente sano, regular las emisiones de gases y compuestos de efecto invernadero y reducir la vulnerabilidad de la población y los ecosistemas frente a los efectos adversos de este fenómeno”. Una semana antes, los diputados habían votado 280 a favor, 10 en contra y una abstención.
De no ser porque la palabra ya está muy quemada, diría que fue una aprobación histórica. Después de todo, antes de México sólo el Reino Unido se había metido en el brete de buscar regular por ley las emisiones de gases de invernadero.
En el papel la idea es bastante ambiciosa. Se trata, por ejemplo, de bajarle un 30 por ciento al aumento (conste, al aumento) de las emisiones de invernadero. Esa reducción tendría que llegar a ser del 50 por ciento en el año 2050. Esto significa no dejar de emitir, sino bajarle la velocidad al ritmo de aumento de las emisiones.
También se pretende que para el año 2024, es decir, dentro de dos sexenios, 35 por ciento de la energía generada en el país provenga de fuentes renovables.
Como el principal emisor nacional es el sector energético (que incluye de manera dominante al transporte), lo anterior aplica sobre todo a las agencias gubernamentales... y a las líneas camioneras.
Lo primero que hace la ley que se expedirá en breve es, para no perder la costumbre, crear nueva burocracia. Se va a crear un Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, el cual tendrá funciones de coordinación e investigación científica. Y se creará también el Fondo para el Cambio Climático, que captará y redistribuirá los recursos financieros, públicos y privados, nacionales e internacionales, destinados a encarar el cambio climático. También habrá una comisión intersecretarial, un consejo, un sistema de información y, a no dudarlo, una nube de consultores verdes.
Adivine usted cuál de estas instancias tendrá más poder: ¿la estructura de investigación o la que repartirá los dólares?
Los datos de base dicen que México es el país 13 del mundo por sus emisiones de gases de invernadero: éstas, del orden de 700 millones de toneladas anuales, son apenas el 1.6 por ciento de las emisiones globales, es cierto, pero han crecido 40 por ciento desde los niveles de 1990. Por ello, dice el dictamen legislativo, México “necesita llevar a cabo acciones de mitigación que permitan el desacoplamiento de las emisiones GEI del desarrollo económico” (GEI: gases de efecto invernadero).
Los legisladores hicieron lo correcto, aunque no dejaron de advertir que es preciso razonar a fondo si nuestro país “está en condiciones de prever y responder oportunamente a los efectos del cambio climático, sin que ello implique un retroceso en el combate a la pobreza, salubridad y educación”. Esto suena a excusa anticipada: no gasto más en pobreza porque estoy combatiendo, héroe yo, el cambio climático. Bueno, por algo se empieza.








